AYLAN TENÍA TRES AÑOS. ¿DE QUÉ SE RÍE, SEÑOR HERNANDO?
https://youtube.com/shorts/hAAOfAPv68Y?is=LatC2dzjRBPDstnG
AYLAN TENÍA TRES AÑOS. ¿DE QUÉ SE RÍE, SEÑOR HERNANDO?
Por Fidel Romero
Hay gestos que retratan a una persona. Y hay gestos que retratan algo mucho más grave: la sociedad en la que vivimos.
He visto las imágenes de Rafael Hernando, diputado del PP, simulando llorar entre risas mientras en el Congreso se hablaba de Aylan Kurdi, aquel niño sirio de tres años que apareció muerto en una playa de Turquía.
Y no puedo quedarme callado.
Aylan tenía tres años.
No tenía partido. No tenía ideología. No entendía de fronteras ni de política. Era solamente un niño que huía de una guerra.
Un niño que debería haber estado jugando, riendo, creciendo.
Pero murió.
Y su imagen dio la vuelta al mundo porque durante unos instantes nos obligó a mirar de frente el horror.
Hoy siguen muriendo niños en el Mediterráneo. Niños cuyos padres se suben a una patera porque prefieren arriesgarse al mar antes que condenar a sus hijos al hambre, a la guerra o a la miseria.
Y yo intento imaginar lo que debe sentir una madre en medio de la oscuridad, con el mar golpeando la patera, apretando a su hijo contra el pecho con todas sus fuerzas para que no se le escape.
Un padre agarrando la pequeña mano de su hijo.
Apretándola cada vez más fuerte.
Con miedo. Con angustia. Rezando para que el siguiente golpe del mar no se la arranque.
Porque saben que pueden perderlo todo en unos segundos.
Y aun así se embarcan.
Señor Hernando, ¿se imagina usted a su hijo o a su hija en esa patera?
¿Se imagina abrazándolo con todas sus fuerzas en medio del mar, intentando protegerlo del frío, del miedo y de las olas?
¿Se imagina tener que abandonar su casa, su tierra, su vida, porque quedarse significa condenar a sus hijos al hambre, a la guerra o a la muerte?
¿Se imagina la angustia de un padre o de una madre que no sabe si volverá a ver amanecer junto a sus hijos?
¿Se imagina tener que elegir entre arriesgar la vida en el mar o quedarse a morir en tierra?
Yo no sé qué sufrimiento tiene que vivir una persona para tomar una decisión así.
Pero sí sé una cosa: nadie abandona su casa, su familia y su tierra por gusto.
Padres y madres que no buscan privilegios.
Buscan una vida digna para sus hijos.
Quieren que puedan comer tres veces al día. Que tengan un médico cuando enfermen. Que puedan ir a la escuela. Que puedan dormir tranquilos. Que puedan jugar. Que puedan reír.
Quieren algo tan sencillo como ver sonreír a sus hijos.
Y mientras nosotros hablamos de inmigración como si habláramos de números, hay madres que lloran porque han perdido a sus hijos en el mar.
Y en Palestina, miles de niños siguen sufriendo y muriendo. Niños que han perdido sus casas, sus escuelas, sus juguetes y, demasiadas veces, a sus padres.
Por eso me niego a aceptar que la muerte de un niño pueda provocar una sonrisa.
Podemos discutir de fronteras. Podemos discutir de inmigración. Podemos discrepar políticamente.
Pero ante un niño muerto solo debería existir respeto.
Porque Aylan no tenía voz.
Los niños que mueren en el Mediterráneo tampoco.
Los niños palestinos tampoco.
Por ellos tenemos que hablar nosotros.
Y yo lo digo alto y claro:
Cuando un niño muere buscando una vida digna, no debería haber risas.
Debería haber silencio.
Debería haber vergüenza.
Debería haber rabia.
Y, sobre todo, debería haber humanidad.
Porque el día que dejemos de sentir el dolor de los hijos de los demás, quizá el problema ya no sean ellos.
Quizá el problema seamos nosotros.
Comentarios
Publicar un comentario