​DE HUMILLADERO A MÁLAGA: EL PUEBLO QUE NUNCA OLVIDÓ A SU HIJO

DE HUMILLADERO A MÁLAGA: EL PUEBLO QUE NUNCA OLVIDÓ A SU HIJO

Por Fidel Romero




Uno de los textos más difíciles que hemos tenido que escribir como familia. Desde el agradecimiento profundo de todos nosotros.


Ayer, en el Salón de Plenos de Humilladero, no solo se aprobó una moción. Ayer, el pueblo le devolvió a Antonio una pequeña parte de todo lo que él le dio durante toda una vida.


Como familia, queremos expresar nuestro agradecimiento más profundo a todas las personas, compañeros y grupos que han hecho posible este reconocimiento. Gracias por mirar más allá de las siglas, por entender la dimensión humana, política y moral de quien fue, ante todo, un hombre de su pueblo. Antonio estaría profundamente orgulloso de este gesto, no por el título en sí, sino porque nace de la tierra que más quiso.


Cuando un pueblo nombra a alguien Hijo Predilecto, lo hace porque esa persona ha sido significativa, porque ha engrandecido a su gente y ha llevado el nombre de su tierra con dignidad. Y en este caso, nadie puede dudar de lo que Antonio quiso a su pueblo. Quiso a su gente, quiso cada rincón de Humilladero, ese lugar al que siempre volvía, donde se le veía pasear, donde compartía vida con los suyos, donde estaban sus afectos más profundos.


Fue ese hombre que, estuviera donde estuviera —en el Parlamento de Andalucía, en el Congreso de los Diputados o en el Consejo de Europa—, se presentaba siempre igual: Antonio Romero, de Humilladero. Por encima de cualquier cargo, por encima de cualquier responsabilidad, siempre llevaba el nombre de su pueblo como carta de presentación y como orgullo.


Y eso es lo que hoy se reconoce: la valía de un hombre de la tierra, de un hombre sencillo, trabajador, que conoció la dureza del campo, que trabajó como jornalero, que emigró, que recogió aceitunas, que se formó a sí mismo. Un hombre que nació desde lo más humilde y que fue capaz de llegar a lo más alto sin dejar de ser quien era, sin olvidar nunca de dónde venía.


Porque si algo definió su vida fue eso: Humilladero. Su refugio, sus raíces, su gente. El lugar al que siempre volvió, incluso cuando la responsabilidad lo llevaba lejos, incluso cuando los viajes eran largos y duros. Aquí estaba su casa, aquí estaba su verdad. Aquí saludaba cada mañana, escuchaba, ayudaba, escribía, resolvía… sin preguntar nunca a nadie de dónde venía ni qué pensaba. Solo le importaba tender la mano.


Antonio fue muchas cosas: jornalero, lector incansable, autodidacta, representante público, defensor de la clase trabajadora. Pero, sobre todo, fue coherente. De los que no se doblegan. De los que no olvidan quiénes son ni a quién representan. Y eso, con el tiempo, es lo que hace que una persona sea respetada incluso por quienes piensan distinto.


Por eso emociona especialmente comprobar cómo ese respeto ha sido tan amplio. Que su pueblo lo nombre Hijo Predilecto. Que Málaga lo reconozca como Hijo Adoptivo, le otorgue la Medalla de la ciudad y quiera que su nombre permanezca en un lugar significativo. Que personas de todos los ámbitos, también desde posiciones ideológicas muy alejadas, hayan sabido reconocer su honestidad, su integridad y su compromiso. Ese es, probablemente, uno de los mayores honores que alguien puede recibir.


Antonio siempre defendió sus ideas con firmeza, pero nunca levantó muros. Construyó respeto. Y ese respeto es el que ayer se hizo visible de una forma clara y hermosa.


Quizá por eso, frente a la emoción compartida y al reconocimiento colectivo, también queda en evidencia que hay momentos en los que lo importante no es lo que se dice, sino lo que se deja de hacer. Y cada cual sabrá cómo quiere ser recordado en días como este.


Nosotros nos quedamos con lo esencial: el cariño de la gente, el reconocimiento sincero y la certeza de que su legado sigue vivo. En cada vecino al que ayudó, en cada lucha que defendió, en cada palabra que dejó escrita y en cada rincón de su pueblo.


Gracias, de corazón.


Porque ayer no solo se honró a Antonio.


Ayer, Humilladero se honró a sí mismo

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