​QUIEN ESCUPE HACIA ARRIBA CORRE EL RIESGO DE QUE LE CAIGA ENCIMA

QUIEN ESCUPE HACIA ARRIBA CORRE EL RIESGO DE QUE LE CAIGA ENCIMA



POR FIDEL ROMERO 

La corrupción no puede combatirse con una doble vara de medir. Ni los corruptos ni los corruptores deberían encontrar refugio en las siglas de ningún partido.


Hay una vieja historia de pueblo que viene muy bien para entender algunas cosas que están ocurriendo estos días en la política española. Una madre acudió a ver desfilar a su hijo durante una jura de bandera. Mientras observaba a todo el batallón marchar, exclamó orgullosa:


—¡Todo el mundo lleva el paso cambiado menos mi niño!


La anécdota sirve para explicar la actitud de quienes creen que la corrupción siempre está en la casa del vecino, pero nunca en la propia. Y eso es exactamente lo que parece ocurrir cuando algunos dirigentes políticos convierten determinadas informaciones en verdad absoluta si afectan a sus adversarios, pero las ponen en duda o las silencian cuando señalan hacia su propio entorno.


Como también se dice en nuestros pueblos, quien escupe hacia arriba corre el riesgo de que le caiga encima.


La portavoz del Partido Popular en el Congreso, Ester Muñoz, ha sido una de las voces más contundentes a la hora de exigir explicaciones y responsabilidades políticas. Y está bien que se investigue todo. Absolutamente todo. Lo que no parece tan razonable es pretender que unas anotaciones son irrefutables cuando afectan a unos, pero dejan de serlo cuando aparecen nombres, relaciones o referencias que incomodan a quienes las utilizan como arma política.


Porque el verdadero problema de España no es que se investigue demasiado. El verdadero problema es que durante demasiados años se ha investigado de forma selectiva, se ha señalado de forma interesada y se ha intentado convencer a la ciudadanía de que la corrupción tenía un único color político.


Y la historia de nuestro país demuestra exactamente lo contrario.


La corrupción ha atravesado instituciones, administraciones y partidos. Pero también es verdad que no todas las organizaciones políticas tienen el mismo historial ni la misma mochila. No todos pueden mirar a la ciudadanía con la misma tranquilidad.


Mientras algunos partidos han acumulado durante décadas casos de financiación irregular, tramas urbanísticas, comisiones ilegales, sobresueldos, destrucción de pruebas y condenas judiciales, otros han sido sometidos a investigaciones exhaustivas sin que aparecieran las redes de saqueo de dinero público que sí hemos visto en otros lugares.


Eso también forma parte de la verdad.


Y otra parte de la verdad es que la corrupción no empieza cuando un cargo público mete la mano en la caja. La corrupción empieza mucho antes. Empieza cuando alguien ofrece dinero, favores, contratos o privilegios para obtener beneficios políticos o económicos.


Sin corruptores no hay corrupción.


Sin grandes intereses económicos comprando influencia no existirían muchas de las tramas que han avergonzado a nuestro país durante décadas.


Sin embargo, demasiadas veces vemos desfilar hacia los tribunales a quienes aceptaron esos favores mientras los que pusieron el dinero, diseñaron las operaciones o se beneficiaron de ellas terminan ocupando discretamente una segunda fila.


Si queremos limpiar la vida pública de verdad, hay que perseguir a unos y a otros.


Hay que investigar a quien cobra y a quien paga.


Hay que investigar a quien firma y a quien presiona para que se firme.


Hay que investigar a quien se vende y a quien pretende comprar las instituciones.


Y eso exige valentía. Mucha valentía.


La misma valentía que falta cuando algunos partidos votan en contra de medidas de transparencia, de control de los lobbies, de limitación de privilegios o de fortalecimiento de los mecanismos anticorrupción mientras se presentan ante la opinión pública como campeones de la regeneración democrática.


La ciudadanía ya no soporta más hipocresía.


La gente está cansada de escuchar discursos grandilocuentes mientras aparecen nuevas noticias sobre redes de influencia, favores cruzados, puertas giratorias y relaciones de poder que siempre parecen beneficiar a los mismos.


Y ese cansancio tiene consecuencias.


Cuando la política deja de parecer una herramienta de transformación y comienza a parecer una pelea permanente entre quienes se acusan mutuamente de corrupción, la desafección crece. Y cuando crece la desafección, avanzan quienes ofrecen soluciones simples a problemas complejos.


La extrema derecha no crece porque sí. Crece sobre el terreno abonado por décadas de corrupción, privilegios e impunidad. Crece cuando la ciudadanía deja de confiar en las instituciones y concluye que todos son iguales.


Pero no todos son iguales.


No son iguales quienes han gobernado durante décadas protegiendo intereses económicos privilegiados y quienes han defendido servicios públicos, derechos sociales y medidas de control democrático.


No son iguales quienes acumulan una larga relación con escándalos de corrupción y quienes pueden presentar una trayectoria mucho más limpia ante la ciudadanía.


Y no son iguales quienes utilizan la corrupción como arma partidista y quienes exigen que se investigue todo, caiga quien caiga.


Por eso hoy más que nunca hay que separar la paja del trigo.


Hay que exigir responsabilidades donde existan.


Hay que perseguir a los corruptos y a los corruptores.


Hay que limpiar las instituciones.


Y hay que hacerlo sin mirar el color político de quien se siente en el banquillo.


Porque la democracia no se defiende tapando la corrupción de los tuyos mientras denuncias la de los demás.


La democracia se defiende diciendo la verdad, investigando hasta el final y aceptando que las reglas deben ser iguales para todos.


Incluso cuando aquello que se investiga puede terminar cayéndote encima.

Comentarios

Entradas populares de este blog

​FRAN: LA DIGNIDAD DE UN HOMBRE, LA FUERZA DE UN PUEBLO

​DE HUMILLADERO A MÁLAGA: EL PUEBLO QUE NUNCA OLVIDÓ A SU HIJO

CARTA ABIERTA AL SEÑOR ABASCAL