LUCHAR TODA UNA VIDA… PARA QUE AHORA TE ECHEN DE TU CASA
LUCHAR TODA UNA VIDA… PARA QUE AHORA TE ECHEN DE TU CASA
Por Fidel Romero
He estado hablando con Juan.
Juan es peón de la construcción.
De esos que han levantado edificios que nunca podrán pagar.
De esos que han pasado más años apretando que viviendo tranquilos.
Lleva 25 años en su casa.
Un piso de alquiler público al que llegó buscando algo sencillo: estabilidad.
Un lugar donde poder construir una vida sin miedo a quedarse en la calle.
Y lo hizo.
Pagando cada mes.
Sin fallar.
A veces con dificultad, muchas veces haciendo cuentas imposibles, pero siempre cumpliendo.
Porque cuando uno tiene poco, lo poco que tiene lo cuida.
Juan no es ingenuo.
Hace años que sabía lo que había pasado.
Que en 2013, el Ayuntamiento de Madrid, gobernado por Ana Botella, vendió 1.860 viviendas públicas a un fondo vinculado a Blackstone.
Lo sabía él.
Lo sabían sus vecinos.
Y desde entonces, han vivido con esa sombra.
Más de diez años de incertidumbre.
Más de diez años de lucha.
Reuniones, protestas, recursos judiciales.
Intentando defender lo que era suyo.
Sabiendo que enfrente no había personas como ellos.
Había fondos de inversión.
Había despachos llenos de abogados.
Había dinero suficiente como para aguantar cualquier batalla.
Y aun así, resistieron.
Porque no tenían otra.
Porque esa casa no era un lujo.
Era su vida.
Ahí ha criado a sus hijos.
Ahí ha pasado los años más duros.
Ahí ha aguantado cuando no había nada más a lo que agarrarse.
Pero hay algo que Juan también ha aprendido en todo este tiempo:
que cuando lo público se vende,
quien debía protegerte deja de hacerlo.
La administración que tenía que estar de su lado
ya había tomado una decisión hace años.
No proteger a las familias.
Sino abrir la puerta al negocio.
Y ahora, en 2026, todo eso empieza a hacerse real.
Ahora están llegando las cartas certificadas.
Ahora cambian las condiciones.
Ahora aparece, sin disimulo, la amenaza.
No de golpe.
No con un titular.
Poco a poco.
Como se hacen estas cosas.
Primero convierten tu casa en un activo financiero.
Después la venden, la revenden, la empaquetan.
Y al final, tú te conviertes en un problema.
Juan me lo decía claro:
“Yo no he fallado nunca. Pero ahora parece que eso ya no importa”.
Y tiene razón.
Porque mientras él cumplía,
otros hacían negocio.
Compraron esas viviendas a precio de saldo.
Y ahora las mueven para ganar más dinero.
Y en medio, la vida de gente normal.
Esto no es un caso aislado.
Es un modelo.
El modelo que defienden el Partido Popular y Vox:
convertir derechos en mercancía.
también la vivienda.
Por eso, cuando miro a Andalucía, no puedo evitar pensar en Juan.
Porque aquí ya estamos viendo el mismo camino:
alquileres que no paran de subir,
barrios que se vacían por los pisos turísticos,
trabajadores que no llegan,
jóvenes que no pueden empezar.
Y mientras tanto, sin una apuesta clara por ampliar y proteger la vivienda pública.
Sin garantías.
Sin red.
Lo que le está pasando a Juan no es pasado.
Es presente.
Y es una advertencia.
Porque cuando vendes vivienda pública,
no vendes ladrillos.
Vendes la tranquilidad de la gente.
Vendes su estabilidad.
Vendes su futuro.
Lo dice la Constitución Española:
tenemos derecho a una vivienda digna.
Pero ese derecho no se mantiene solo.
Se defiende.
Y se defiende eligiendo de qué lado estás.
Yo lo tengo claro.
Del lado de Juan.
Del lado de la gente que cumple.
Del lado de quienes solo piden poder vivir en su casa.
Porque Andalucía tiene que ser otra cosa.
Y el día que toque decidir, estará en tu mano:
o proteger la vivienda como un derecho,
o convertirla en un número más al servicio del negocio.
No hay término medio.
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