​ CUANDO LA DERECHA ENSEÑA SU VERDADERA CARA: MENOS EDUCACIÓN PÚBLICA Y MÁS NEGOCIO PRIVADO

 CUANDO LA DERECHA ENSEÑA SU VERDADERA CARA: MENOS EDUCACIÓN PÚBLICA Y MÁS NEGOCIO PRIVADO


 ALMEIDA Y EL NEGOCIO PERFECTO: CONVERTIR LOS DERECHOS EN PRIVILEGIOS

 Por Fidel Romero




“LA EDUCACIÓN ES EL ARMA MÁS PODEROSA PARA CAMBIAR EL MUNDO.”  

— Nelson Mandela


“SI QUERÉIS PUEBLOS LIBRES, EMPEZAD POR HACERLOS CULTOS.”  

— José Martí


“LA EDUCACIÓN NO CAMBIA EL MUNDO: CAMBIA A LAS PERSONAS QUE VAN A CAMBIAR EL MUNDO.”  

— Paulo Freire


Y precisamente por eso la educación pública molesta tanto a quienes entienden la sociedad como un negocio y no como un derecho.


Lo que está ocurriendo en Madrid con más de 8.000 niños y niñas sin plaza en escuelas infantiles públicas no es una casualidad ni un accidente administrativo. Es una decisión política. Es la consecuencia directa de un modelo que lleva años debilitando lo público para abrirle la puerta al negocio privado.


Mientras miles de familias trabajadoras necesitan una escuela infantil pública para poder conciliar su vida laboral, para poder salir adelante, para poder trabajar y mantener a sus hijos, la respuesta de las administraciones de derechas vuelve a ser la misma: “si no hay plaza pública, váyase usted a la privada”.


Y ahí aparece el cheque, la ayuda, la subvención. Dinero público que debería invertirse en crear más escuelas infantiles públicas, más educadores, más plazas y mejores servicios… termina desviándose al negocio privado.


Porque no nos engañemos: detrás de muchas guarderías privadas hay empresarios haciendo negocio con una necesidad básica de las familias. “A río revuelto, ganancia de pescadores”. Aquí siempre acaban pescando los mismos.


La educación infantil no es un lujo. No es un capricho. No es simplemente “dejar al niño mientras los padres trabajan”. Es el primer contacto de los niños con la convivencia, con el aprendizaje, con la adaptación social, con los juegos educativos, con el lenguaje, con el desarrollo emocional y cognitivo. Es la primera puerta hacia la igualdad.


Ahí empiezan muchas diferencias sociales.


El niño que puede acceder a una educación infantil de calidad llega después a la enseñanza obligatoria con más herramientas, más adaptación y más oportunidades. Por eso yo sigo pensando que la educación pública desde la infancia debería ser una prioridad absoluta para cualquier gobierno que piense en el futuro de su pueblo.


Pero la derecha vuelve a mostrar su verdadera cara cuando gobierna.


Primero hablan de libertad. Después recortan plazas públicas. Después asfixian los servicios. Y finalmente presentan la privatización como la única solución posible.


Es la estrategia de siempre: deteriorar lo público para justificar lo privado. “Primero te rompen la pierna y después te venden la muleta”.


Y muchas veces no reaccionamos hasta que el problema nos golpea directamente.


Mientras tanto vivimos en una burbuja creada desde determinados medios, tertulias y redes sociales donde parece que estas cosas nunca nos van a afectar. Nos hacen pensar que todo funciona, que no pasa nada, que exageramos. “Nos lavan el cerebro poco a poco”, hasta que uno termina creyendo que perder derechos es lo normal.


Hasta que un día llega una madre o un padre y descubre que su hijo se ha quedado sin plaza.


Hasta que una familia trabajadora tiene que elegir entre pagar 500 o 600 euros al mes en una guardería privada o renunciar a trabajar para cuidar a sus hijos.


Y ahí es cuando viene el golpe de realidad. “Hasta que no te ves con el agua al cuello, no sabes lo fría que está”.


Hasta que el problema deja de ser un debate político y se convierte en un drama personal.


Entonces llegan las conversaciones en el bar, las quejas, la indignación tardía. Pero la jugada ya está hecha.


Porque cuando se desmantela poco a poco lo público, recuperarlo cuesta años. Después nos acordamos de Santa Bárbara cuando truena, cuando algunos veíamos la tormenta desde lejos y estábamos avisando.


Y mientras tanto, quienes hacen negocio con derechos fundamentales siguen enriqueciéndose con dinero que sale del bolsillo de todos.


La educación pública no puede convertirse en un privilegio para quien tenga suerte de encontrar plaza o dinero para pagarla.


La educación pública debe ser un derecho garantizado desde la infancia.


Porque un pueblo con educación es un pueblo más libre.  

Y porque cuando se abandona la educación pública, lo que se abandona realmente es a las familias trabajadoras.

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