ESTADOS UNIDOS: EL ESPEJO ROTO DE LAS LIBERTADES
ESTADOS UNIDOS: EL ESPEJO ROTO DE LAS LIBERTADES
Por Fidel Romero
Durante años nos han vendido la imagen de Estados Unidos como el país de los derechos, de las libertades, de la justicia y de la democracia. El país donde cualquiera puede pensar, decir y vivir como quiera sin miedo a ser reprimido. El país que se arroga el derecho de señalar, sancionar, bloquear e incluso bombardear a otros pueblos del mundo con la excusa de que allí no se respetan los derechos humanos. Hoy, ese relato se cae a pedazos delante de nuestros ojos, y lo hace no en un país lejano, sino en sus propias calles.
Lo que está ocurriendo en Minneapolis no es una excepción ni un accidente. Es el reflejo brutal de lo que realmente se está viviendo en Estados Unidos. Un país donde agentes del Estado disparan primero y preguntan después. Donde personas desarmadas son abatidas en plena calle. Donde mujeres son asesinadas dentro de un coche. Donde ayudar a otra persona puede costarte la vida si el uniforme que tienes delante decide que eres una amenaza. Todo ello grabado en vídeo, ante testigos, sin pudor, sin humanidad y, sobre todo, sin consecuencias reales.
Nos dicen que esto no es Irán, ni Venezuela, ni Siria. Y es verdad: es Estados Unidos. La misma nación que acusa a otros de represión mientras despliega gas lacrimógeno, balas y redadas como si sus ciudades fueran zonas de guerra. La misma que habla de libertades mientras persigue a personas migrantes como si fueran enemigos internos. La misma que se presenta como faro moral del mundo mientras pisotea los derechos más básicos de quienes considera prescindibles.
Hoy Estados Unidos se parece demasiado a esos países que dice combatir. Con una diferencia inquietante: lo hace desde la arrogancia de quien se cree intocable, de quien actúa convencido de que nadie le va a pedir explicaciones. El mensaje es claro y aterrador: aquí manda la fuerza, no la ley; aquí decide el arma, no la justicia; aquí la vida vale menos si eres migrante, si eres pobre o si tienes el color de piel equivocado.
Lo que estamos viendo no es seguridad, es represión. No es orden, es violencia institucional. No es defensa propia, es ejecución. Se ha normalizado una lógica salvaje: si me pareces sospechoso, te disparo; si creo que eres peligroso, te mato; si me equivoco, no pasa nada. Esa es la ley del más fuerte, la del lejano Oeste, la de un Estado que ha perdido cualquier atisbo de ética democrática.
Mientras tanto, las investigaciones prometidas se anuncian como un ritual vacío. Siempre llegan tarde, siempre se diluyen, siempre terminan en nada. La impunidad se convierte en política de Estado y el miedo en forma de gobierno. Un gobierno que actúa por encima del bien y del mal, por encima de la ley, por encima incluso de su propia Constitución. Un gobierno criminal, asesino, que no solo destruye países fuera de sus fronteras, sino que ahora también mata dentro de ellas con la misma frialdad.
Estados Unidos habla de derechos humanos mientras los vulnera. Habla de libertad mientras reprime. Habla de justicia mientras protege a quienes disparan contra inocentes. Es el candil de la calle y la oscuridad de su casa. Y esa oscuridad ya no se puede ocultar, porque las imágenes, los muertos y el miedo están ahí, visibles, incontestables.
Minneapolis no es un caso aislado. Es una advertencia. Es el espejo roto en el que se refleja un país que ha perdido la autoridad moral para dar lecciones a nadie. Porque cuando un Estado deja de proteger la vida de los más vulnerables, cuando criminaliza al diferente y dispara contra quien no representa una amenaza, deja de ser un referente de libertad y se convierte en aquello que siempre dijo combatir.
Comentarios
Publicar un comentario