Cuando secuestran a un presidente, secuestran el Derecho Internacional
Cuando secuestran a un presidente, secuestran el Derecho Internacional
Por Fidel Romero
Escribo estas líneas con el teléfono en silencio, pero con la conciencia en alerta. Porque lo que está ocurriendo en Venezuela no es un episodio aislado ni una “crisis regional” más: es una agresión directa al orden internacional, una ruptura consciente y violenta de las normas mínimas que deberían regir la convivencia entre los pueblos.
El ataque de Estados Unidos contra la República Bolivariana de Venezuela y el secuestro del presidente legítimo Nicolás Maduro no solo constituyen un acto criminal e ilegal, sino un precedente extremadamente peligroso. Cuando una potencia se arroga el derecho de atacar militarmente a otro país y de capturar a su jefe de Estado, estamos ante la negación absoluta del Derecho internacional, de la soberanía y de cualquier principio democrático que se diga defender.
No hablamos solo de Venezuela. Hablamos de la desestabilización deliberada del Caribe y de toda América Latina, una región declarada Zona de Paz en 2014. Hablamos de empujar al mundo hacia una espiral de guerra, muerte y desolación, como la que plantea sin pudor Donald Trump y la élite política y militar que lo acompaña. Hablamos de un escenario de locura imperial que puede marcar los próximos años si no se le pone freno ahora.
Esta agresión no es improvisada. Es la continuación lógica de una estrategia prolongada de bloqueos, sanciones, guerra económica y manipulación informativa. Y su objetivo es tan viejo como el imperialismo mismo: apropiarse de la riqueza natural de un país soberano. El petróleo venezolano, sus recursos estratégicos, su capacidad de decidir por sí mismo. Nada de eso pertenece a Estados Unidos. Nunca lo ha sido.
Resulta obsceno escuchar a quienes intentan reescribir la historia para justificar lo injustificable. Venezuela nacionalizó sus recursos hace décadas. Lo hizo antes de Chávez y Maduro, y lo reafirmó con ellos. Es un derecho histórico y legítimo de su pueblo. Pretender ahora que esos recursos “pertenecen” a otro país es un acto de colonialismo puro, sin disfraces ni complejos.
Ante esta barbaridad, no podemos mirar hacia otro lado ni escondernos tras comunicados tibios. España no puede ser cómplice. No podemos seguir formando parte de una OTAN que actúa como brazo armado del imperialismo estadounidense. Hay que exigir la salida inmediata de la OTAN y el cierre de las bases militares estadounidenses en nuestro territorio. No en nuestro nombre. No con nuestra tierra. No con nuestro silencio.
Porque tolerar el secuestro de un presidente legítimo hoy significa aceptar que mañana cualquiera puede ser el siguiente. Porque permitir esta agresión equivale a legitimar la ley del más fuerte y a abrir la puerta a nuevas guerras de dominación. Porque si no se le paran los pies a este gobierno de Estados Unidos, lo lamento profundamente: perderemos el mundo entero durante muchísimos años.
Defender a Venezuela hoy no es una cuestión ideológica: es una cuestión de dignidad, de legalidad internacional y de supervivencia colectiva. O se defiende la soberanía de los pueblos, o no habrá soberanía para nadie
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