LA VIDA, NUESTRA ÚNICA MONEDA DE LUCHA
LA VIDA, NUESTRA ÚNICA MONEDA DE LUCHA
POR FIDEL ROMERO
Hay discursos que no se olvidan. Como decía Pepe Mujica —y sigue diciendo en cada una de sus palabras que nos dejó—, la vida es la única moneda que tenemos. Cuando escuché aquella reflexión suya, entendí de golpe algo que siempre había estado ahí: que el verdadero campo de batalla no es otro que el tiempo. El tiempo que nos pertenece o que nos arrebatan. Y esa conciencia, que parece sencilla, es una bomba política. Porque si la vida es la moneda más valiosa, entonces toda estructura que nos la roba es injusta, es inhumana y debe ser combatida.
Yo lo tengo claro: no quiero una sociedad donde la gente sobreviva, quiero una sociedad donde la gente viva. Donde una abuela pueda ver caminar a su nieta por primera vez sin pedir permiso al reloj, donde un trabajador pueda acompañarla al parque sin que su empleo lo convierta en esclavo, donde la cultura no sea un lujo sino un derecho, donde la salud sea una garantía y no una ruleta rusa, donde el techo sea un refugio y no un privilegio. Eso es política. Eso es izquierda. Eso es poner al ser humano en el centro, no en los márgenes.
Pero hoy, demasiadas veces, el sistema nos obliga a entregar el alma a cambio de migajas. Trabajos que devoran el 90% de nuestra vida. Jornadas que dejan el cuerpo agotado y la mente vacía. Sueldos que no permiten respirar. Y encima nos culpan, nos piden paciencia, nos venden que la felicidad está en consumir lo que ni tiempo tenemos de disfrutar. Esa es la trampa. Ese es el mecanismo que perpetúa la desigualdad.
Quien está en lo público no puede mirar hacia otro lado. No puede plegarse al discurso cómodo del “no se puede” ni al chantaje del mercado. Tiene la obligación moral y política de garantizar que cada persona tenga lo esencial: vivienda, sanidad, educación, cultura, empleo digno y tiempo. Sí, tiempo. Porque sin tiempo no hay vida, y sin vida no hay libertad. ¿De qué sirve hablar de igualdad si la mayoría no tiene ni un minuto para existir?
La izquierda debe recordarlo siempre: nuestro deber es pelear contra cada estructura que robe tiempo de vida. Contra la precariedad, contra la explotación, contra la desigualdad, contra los que acumulan lo que jamás podrán llevarse. Que aprendan de Alejandro Magno, aquel conquistador que pidió ser enterrado con las manos fuera del ataúd para mostrar que de este mundo no nos llevamos nada. Nada, excepto lo vivido.
Por eso seguimos aquí. Por eso luchamos. Por eso no nos resignamos a un mundo donde unos pocos acumulan y la mayoría apenas respira. La vida es la única moneda real, y la política debe ser el escudo que proteja a quienes solo tienen esa moneda para afrontar el día.
No queremos más crueldad. No queremos más desigualdad. No queremos más discursos vacíos. Queremos justicia, tiempo y dignidad. Queremos que la gente viva, no que sobreviva. Y vamos a pelear por ello, porque cada segundo que se pierde, cada instante que no se vive, es una derrota para todos.
Y nosotros, los que creemos en la igualdad, no hemos nacido para perder. Hemos nacido para transformar
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