​¿DÓNDE ESTÁ DIOS Y DÓNDE ESTÁ USTED?

¿DÓNDE ESTÁ DIOS Y DÓNDE ESTÁ USTED?


Por Fidel Romero




Escucho al presidente de la Conferencia Episcopal pedir una cuestión de confianza, una moción de censura o elecciones anticipadas, y no puedo evitar hacerme una pregunta mucho más profunda que cualquier maniobra parlamentaria: ¿dónde está Dios en todo esto y dónde está usted?


Porque si Dios existe y si el cristianismo significa algo más que una coartada moral para el poder, debería estar del lado del salario mínimo, de la sanidad pública y universal, de quienes no tienen vivienda, de los migrantes que llegan en patera huyendo del hambre, de la guerra y de la miseria. Debería estar con los pobres, con los oprimidos, con quienes no tienen voz ni altavoces mediáticos. No con quienes quieren hundir barcos en el Mediterráneo ni con quienes llaman “efecto llamada” al sufrimiento humano.


Y, sin embargo, una parte importante de la jerarquía de la Iglesia en este país ha decidido colocarse una vez más al lado de la derecha y de la extrema derecha, de quienes desprecian los servicios públicos, convierten la sanidad en negocio, la educación en privilegio y la vida de los más débiles en una estadística prescindible.


Siempre he sido ateo. No creyente. Y no lo oculto.

Pero también lo digo con claridad: mi filosofía de vida se parece mucho más a los principios originales del cristianismo que a lo que hoy predican muchos de sus dirigentes.


Estoy de acuerdo con ese cristianismo que pone a los pobres en el centro. Estoy de acuerdo con el papa Francisco cuando incomoda al poder. Estoy de acuerdo con quienes, en América Latina, caminaron junto a los pueblos oprimidos desde la teología de la liberación, arriesgando su vida para defender dignidad, justicia social y derechos humanos. Con curas, monjas y comunidades que estuvieron al lado del pueblo, no por encima de él. Ese cristianismo —aunque yo no crea en Dios— lo respeto, lo comparto y lo defiendo.


Por eso me pregunto si esta Iglesia estaría realmente a favor de que ningún anciano tenga que elegir entre comer o encender la calefacción. Si estaría en contra de las pensiones de miseria. Si defendería una educación pública y de calidad para todos los niños y niñas, tengan o no padres con recursos. Si denunciaría que directivos privados gestionen hospitales públicos para engordar las cuentas de grandes empresas mientras se alargan deliberadamente las listas de espera. Si alzaría la voz cuando se deja morir a mayores en residencias o cuando se normaliza que la salud sea un negocio.


Me temo que no.


Porque esta Iglesia o al menos quienes hoy la dirigen no está con los pobres, sino con los poderosos. No está con las víctimas de la guerra, sino con quienes la justifican. No está con los pueblos oprimidos, sino con quienes blanquean genocidios, líderes autoritarios y políticas de exclusión. Con quienes consideran que la vida humana vale menos si nace al otro lado del mar.


¿Dónde está Dios?

¿Está al lado de Netanyahu, con chaleco antibalas, dirigiendo y jaleando la masacre en Palestina, dando instrucciones de guerra mientras se bombardean barrios enteros y se asesina a niños palestinos?

¿Está al lado de Abascal, que lo acompaña, lo respalda y se alinea con esa violencia, legitimando la masacre y el desprecio absoluto por la vida humana?

¿Está también, desde aquí, al lado de la señora Ayuso, apoyando políticamente esa misma visión del mundo desde la presidencia de la Comunidad de Madrid, normalizando la guerra, la muerte y la deshumanización desde la comodidad del poder?


¿O está Dios con el niño que llora bajo las bombas, con la madre que se aferra a su hijo para no morir en el mar, con quienes solo conocen el miedo, el hambre y el dolor?


¿Está Dios al lado de los ancianos que murieron solos en residencias, sin asistencia médica, por protocolos de la vergüenza?

¿O al lado de los responsables políticos que permitieron y justificaron esas muertes?


¿Está Dios al lado de los fondos buitre a los que se regalaron viviendas públicas para especular, subir alquileres y expulsar a familias de sus casas?

¿O al lado de quienes hoy viven sin techo porque no pueden pagar lo que la avaricia y la especulación han provocado?


Porque no se puede estar en los dos sitios a la vez.

Y ustedes han elegido un bando.


Han elegido el bando del dinero, del oro, de la pomposidad y del privilegio. El bando de quienes convierten la sanidad en negocio, la educación en mercancía y la vida humana en un coste prescindible. El bando de quienes señalan a los migrantes, recortan derechos a las mujeres, niegan la dignidad al colectivo LGTBI y llaman libertad a la ley del más fuerte.


Les recomendaría escuchar con humildad las palabras del papa Francisco cuando habla de la extrema derecha. Porque lo que allí se defiende no tiene nada que ver con lo que ustedes amparan. Ustedes han retorcido el cristianismo hasta hacerlo irreconocible, lo han domesticado y lo han puesto al servicio del poder.


Si Dios existiera y lo digo desde mi ateísmo, estaría con los pobres, no con los opresores. Con los humildes, no con quienes los machacan. Y si entrara hoy en muchos despachos de la jerarquía eclesiástica, expulsaría a patadas a los mercaderes del templo, como cuentan los Evangelios. Porque eso es lo que ustedes representan: la corrupción de un mensaje que nació para liberar.


Qué pena me da esta Iglesia.

Qué pena que haya decidido entregar su voz a la derecha y a la extrema derecha.

Qué pena que haya elegido a los de arriba, a quienes machacan y humillan a los de abajo.


Yo no creo en Dios.

Pero sé perfectamente de qué lado estaría si existiera.


Y no sería, desde luego, del suyo.

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