DE LA EMPATÍA AL SILENCIO: LA HEMEROTECA QUE DEJA AL DESCUBIERTO A MORENO BONILLA
DE LA EMPATÍA AL SILENCIO: LA HEMEROTECA QUE DEJA AL DESCUBIERTO A MORENO BONILLA
Por Fidel Romero

Recuerdo haber visto hace años a Juanma Moreno hablar con emoción sobre el cáncer. Entonces no era presidente, y se le notaba la sinceridad cuando decía que “es esencial tener un diagnóstico certero cuanto antes para evitar el sufrimiento”. Que el tiempo de espera, ese tiempo incierto entre una sospecha y una confirmación, es uno de los más angustiosos que puede vivir una persona. Que cada día que se gana es calidad de vida, esperanza, tranquilidad.
Lo escuché decir —con solemnidad, con convicción— que se comprometía a que “en toda la red pública andaluza del Servicio Andaluz de Salud, todo lo que es tratamiento oncológico se resuelva en 30 días, para no generar sufrimiento ni angustia”. Palabras que hoy, lamentablemente, suenan vacías.
Porque hoy ese mismo hombre preside un gobierno bajo cuya gestión más de dos mil mujeres en Andalucía no fueron informadas de resultados dudosos en sus mamografías. Mujeres que, durante meses —algunas durante años— vivieron creyendo que todo estaba bien, cuando en realidad el sistema había decidido “protegerlas” del miedo, ocultando la duda que podía haberles salvado la vida.
Y mientras el presidente guarda silencio o pide tiempo para “investigar qué ha fallado”, su consejera de Salud se ha mostrado con una frialdad insoportable, insinuando que las afectadas “han manipulado políticamente” el caso. No hay palabras que describan la falta de empatía, la distancia emocional y el desprecio hacia el sufrimiento humano que hay detrás de esa respuesta institucional.
Las estadísticas son claras y terribles: una de cada cuatro personas desarrollará cáncer en el futuro. Y todos, absolutamente todos, sabemos que la principal posibilidad de cura es descubrirlo a tiempo. No hay promesa, ni infraestructura, ni discurso que compense el daño de un diagnóstico tardío.
Por eso, escuchar ahora aquellas palabras antiguas de Moreno Bonilla duele más. Duelen porque eran ciertas. Duelen porque él mismo entendía —entonces— lo que significa esperar un diagnóstico. Y duele, sobre todo, porque desde su posición actual ha permitido que justo eso que él condenaba ocurra a miles de mujeres en su propia tierra.
No sé si llamarlo error, negligencia o simplemente deshumanización institucional. Pero sí sé que ocultar información médica a una persona no es protegerla: es traicionarla. Y que cuando la administración pública olvida que detrás de cada informe hay una vida, una familia, un miedo y una esperanza, deja de ser pública y se convierte en un muro.
Hoy, más que nunca, Andalucía necesita menos declaraciones y más coherencia.
Y, sobre todo, necesita que alguien —de una vez— pida perdón
Comentarios
Publicar un comentario