CAVAR FOSAS, OTRA VEZ: LA DEMOCRACIA NO ADMITE ESTE DESPRECIO

Cavar fosas, otra vez: la democracia no admite este desprecio

Por Fidel Romero

Cuando escuché a Miguel Tellado hablar de “cavar la fosa” del Gobierno, no pensé en una simple metáfora política. Pensé en las miles de fosas comunes que aún hoy siguen abiertas en la memoria de este país. Pensé en aquellas mujeres republicanas humilladas, perseguidas, vejadas y sometidas a experimentos inhumanos por el franquismo, bajo la mirada de personajes como Antonio Vallejo-Nájera, que llegó a inventarse el supuesto “gen rojo” para justificar la represión y el robo de niños.

Es imposible que esas palabras pasen como una broma o un giro retórico. En España, las fosas no son una figura literaria: son una realidad que duele, que aún sangra en las familias que siguen buscando a los suyos. Convertirlas en insulto político es un acto de desprecio, una falta de escrúpulos y de respeto hacia quienes fueron asesinados por defender la democracia.

Por eso no podemos normalizarlo. Porque no es un desliz aislado: es parte de la competencia feroz entre el PP y Vox por ver quién se arrastra más hacia la extrema derecha. Tellado no habla en vacío, habla en medio de un clima donde los insultos, las amenazas veladas y las apelaciones a la violencia se convierten en estrategia política. Y eso es terrible para cualquier democracia.

Hoy no se trata de ser más o menos duros en la crítica, se trata de entender que esas palabras abren la puerta a una deriva autoritaria que ya conocemos en nuestra historia. Una deriva que empezó también con el desprecio, con la deshumanización del adversario, con negarles incluso el derecho a la vida.

No se trata solo de pedir dimisiones: se trata de poner un freno colectivo a esta espiral de odio. Porque si algo nos enseñan las fosas de nuestra historia es que el silencio, la indiferencia o el “no pasa nada” nunca fueron garantía de democracia, sino el preludio de la barbarie.

Y aquí estaremos, como estuvieron nuestros padres y nuestros abuelos, luchando por la democracia y por la libertad, por la justicia social y por los derechos fundamentales. No nos van a callar con amenazas ni con discursos de odio: el “gen rojo” que Vallejo-Nájera buscaba con saña sigue vivo, pero no en la violencia ni en la revancha, sino en el corazón y en las ideas de quienes creemos en la palabra, en el diálogo y en la vida.

Estamos en contra de la guerra, de las matanzas y de la represión, y estamos a favor de la vida, de la libertad, de que cualquier persona pueda expresarse sin miedo, de que exista justicia social y dignidad. Porque los que hoy descansan en las fosas, asesinados por el fascismo, son precisamente quienes nos legaron la libertad de defender la democracia, de levantar la voz contra la injusticia, y de recordar que la República fue un proyecto legítimo y democrático contra el que se dio un golpe de Estado criminal.

Esa memoria es nuestra fuerza, y con ella seguiremos defendiendo este país de quienes lo quieren arrastrar otra vez a la oscuridad

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