EN EL ATENEO DE MADRID: RODEADO DE REPÚBLICA Y MEMORIA

EN EL ATENEO DE MADRID: RODEADO DE REPÚBLICA Y MEMORIA

Por Fidel Romero

En 2013 el uno de diciembre viví una de esas experiencias que se quedan grabadas para siempre. Fue en el Ateneo de Madrid, durante el encuentro estatal de cargos públicos por la República. Me tocó intervenir en la sala de conferencias, rodeado de los retratos de quienes sembraron el pensamiento y la cultura de este país. Allí estaban las miradas de Unamuno, Valle-Inclán, Ortega y Gasset, Pardo Bazán, Ramón y Cajal, Azaña…, y tantos otros que imaginaron una España más libre, más culta y más justa. Hablar desde ese lugar era sentir que las paredes te escuchaban, que la historia pesaba y empujaba a la vez.

Pero lo que hizo realmente inolvidable aquella jornada fue lo que vino después. Con mi hermano Antonio, que hoy ya no está conmigo, entramos en el despacho de Manuel Azaña, el último presidente legítimo de la Segunda República. Nos sentamos juntos en su sillón y ante su mesa, esa misma desde la que seguramente se escribieron discursos y se tomaron decisiones en defensa de la educación, la igualdad, la cultura y el reparto justo de la riqueza.

Fue entonces cuando ocurrió una anécdota que guardo como un tesoro. Antonio se giró hacia mí y me dijo: “Si los discursos escritos sobre esta mesa, si los sueños que fueron truncados de la República no hubieran sido cercenados y rotos por el franquismo y por la sublevación militar, otro gallo nos habría cantado.” Lo decía desde el conocimiento de causa, desde su condición de luchador contra la dictadura, desde su compromiso por la democracia que después se instauró en España y por los derechos sociales que defendió como parlamentario comunista, como sindicalista y como trabajador. Porque todos aquellos avances que hubo que arrancar tras cuarenta años de oscura dictadura —la educación, los derechos, la igualdad, el reparto justo de la riqueza— podrían haber sido realidades consolidadas en una República plena de derechos y de maestros que enseñaran a los niños una España avanzada y justa.

Ese recuerdo me acompaña más que nunca ahora que Antonio ya no está. A él, y a tantos como él, les debemos que sigamos apostando por una República que impida que el fascismo vuelva a ganar las instituciones y provoque otro retroceso en los derechos democráticos y en los valores humanos.

Fue uno de los momentos más emocionantes que he vivido como alcalde de La Roda de Andalucía, como republicano y como ciudadano convencido de que la República es la forma de gobierno que mejor encarna los valores democráticos. Y fue especial porque lo compartí con mi hermano. Sentados en aquella mesa, sentimos que no estábamos solo recordando el pasado: estábamos reafirmando el compromiso de seguir defendiendo, con nuestras voces humildes, lo que aquellos hombres y mujeres soñaron para España.

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