EL “BIEN PEINADO” DE LA JUSTICIA ESPAÑOLA

EL “BIEN PEINADO” DE LA JUSTICIA ESPAÑOLA

Por Fidel Romero

En los pueblos solemos decir que el que va siempre repeinado, con gomina en el pelo, con los zapatitos Cebé relucientes, traje y corbata, pulserita de España en la muñeca y gesto remilgado, suele presumir de ideología de derechas, muy conservadora, aunque no lo diga en voz alta. Y en el caso del juez Peinado, habría que añadir la ironía popular: a veces la raya no se hace con peine, sino con una tiza, porque hay más calva que melena. Esa es la estética del “bien peinado” que tanto se identifica con una derecha ultraconservadora que vive más pendiente de la apariencia que de la justicia real.

Pero más allá de lo pintoresco, lo grave es el papel que este juez está desempeñando en nuestra democracia. Lo hemos visto en varias ocasiones: investigaciones que afectan al Partido Popular y que terminan en el archivo porque no se prorrogan a tiempo, como ocurrió con las presuntas irregularidades en contratos del Ayuntamiento de Madrid. Un “olvido” que permitió cerrar la causa en beneficio de cargos del PP. Una dejación de deberes que el propio Consejo General del Poder Judicial ha tenido que investigar.

Es decir, cuando se trata de casos que salpican a la derecha, la maquinaria judicial se ralentiza, se pierden plazos, se dejan correr los tiempos hasta que todo prescribe. Y cuando no queda más remedio que investigar, siempre aparece alguna nulidad, algún resquicio legal, alguna interpretación “oportuna” que termina beneficiando a los amigos del poder.

En cambio, cuando hablamos de imputaciones dirigidas contra representantes de la izquierda o contra voces críticas con el poder económico y político, entonces la justicia espectáculo se pone en marcha. Importa más el titular que el contenido, más la sospecha que la prueba, más el daño inmediato en redes sociales que la verdad procesal. Como dijo Eduardo Galeano: “Vivimos en un mundo donde el funeral importa más que el muerto, la boda más que el amor y el físico más que el intelecto. Vivimos en la cultura del envase que desprecia el contenido.” Y en España, en demasiadas ocasiones, vivimos también en la cultura judicial del envase: lo que importa es el golpe mediático, aunque por dentro el caso esté vacío.

Esto es lo que degrada la democracia: ver cómo los ciudadanos ya no confían en que la justicia sea igual para todos. La gente percibe que según el juez que te toque puedes salir libre habiendo robado a manos llenas, o puedes verte arruinado y señalado sin pruebas sólidas. Que mientras a unos se les absuelve por prescripción, a otros se les destroza la vida a base de titulares sin sustento.

El Estado de derecho se sostiene sobre tres pilares: el legislativo, el ejecutivo y el judicial. Si uno de esos pilares se corrompe o se pone al servicio de intereses partidistas, la democracia entera se tambalea. Y eso es lo que estamos viendo. No se trata ya de casos aislados, sino de un patrón: proteger a los poderosos de la derecha mientras se persigue a los adversarios políticos.

No podemos resignarnos. Necesitamos instituciones judiciales limpias, en las que podamos confiar. Jueces que no actúen como correas de transmisión de una ideología, sino como garantes de la igualdad y la justicia. Porque lo contrario no es justicia: es una burla al Estado de derecho, un fraude democrático.

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