ABASCAL QUIERE HUNDIR LA ESPERANZA, NOSOTROS SEMBRAMOS SOLIDARIDAD
ABASCAL QUIERE HUNDIR LA ESPERANZA, NOSOTROS SEMBRAMOS SOLIDARIDAD
Por Fidel Romero

Lo que hoy escuchamos en boca de Abascal —cuando llama “barco negrero” al Open Arms y pide hundirlo— tiene un eco siniestro de las páginas más oscuras de la historia.
Los nazis llamaban “subhumanos” a los judíos, gitanos, eslavos o negros; les llamaban “parásitos”, “ratas”, y a su existencia la reducían a “vidas indignas de ser vividas”. Bajo esa retórica construyeron la “solución final”.
Lo que buscaban no era describir, sino deshumanizar: arrancar la condición de persona para que la violencia pareciera natural, inevitable, incluso justa.
Cuando Abascal señala al barco que rescata como si fuera una amenaza, cuando lo equipara a un “barco negrero” y exige que se hunda, está siguiendo ese mismo guion del fascismo puro: convertir la esperanza en enemigo, la solidaridad en delito, la vida en desecho.
En esa ruta atlántica que ya es tumba de miles de seres humanos, pedir que se hunda al que salva es la forma más brutal de anunciar que el diferente no merece vivir.
Porque lo que representa Open Arms no es un barco más: es la mano tendida, es la ternura y la solidaridad entre pueblos, es lo mejor que puede dar el ser humano frente a la barbarie.
Y lo que representa Abascal con esas palabras es el odio, el rencor, el rostro del fascismo que siempre necesita enemigos para existir.
El fascismo ayer habló de “subhumanos”; hoy habla de “barco negrero”.
Ayer justificaba hornos y cámaras; hoy normaliza pedir que se hunda al que rescata.
La pregunta es si nuestra sociedad aceptará otra vez que la semilla del odio se siembre y se riegue impunemente.
Por cada semilla de odio que se siembre de la mano de Abascal, deben florecer miles de semillas de solidaridad.
Semillas de ternura.
Semillas de humanidad.
Semillas de respeto al otro, de acogida sincera, de sonrisa eterna para los niños y niñas cuyos padres buscan una esperanza nueva.
Eso es lo que nos toca: sembrar vida frente al fascismo que hoy nos amenaza.
Porque la respuesta al odio no puede ser el silencio ni la resignación, sino una siembra masiva de dignidad y de fraternidad.
Y cada gesto, cada palabra y cada acción cuentan.
Nos toca a nosotros enfrentarnos a este fascismo criminal que pretende hundir lo mejor del ser humano.
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