UNIDAD O BARBARIE
🟥 UNIDAD O BARBARIE
Por Fidel Romero

La historia no espera. Y mucho menos en tiempos como estos, donde el monstruo asoma la cabeza con la impunidad de quien se sabe fuerte. No podemos permitirnos una izquierda que se entretiene contando sus heridas mientras la derecha extrema y la extrema derecha gobiernan juntas, mienten juntas y destruyen juntas.
No es tiempo de egos. Es tiempo de responsabilidad. Necesitamos un gobierno y una unidad que nos lleve, que nos arrastre si hace falta, pero que ponga en el centro la defensa del interés general, de los derechos de la clase trabajadora, del bien común. Una unidad que no titubee frente a la corrupción que lo carcome todo, que no tema señalar las podredumbres de esta política infestada de cálculos personales, ambiciones pequeñas y cobardías grandes.
Lo decía Gabriel Rufián y no le faltaba razón: “Si no nos ponemos de acuerdo, nos van a matar por separado”. Y no es solo una advertencia política, es una alarma democrática. La desunión no es solo un error; es una traición a los miles que siguen creyendo que otro país es posible. No puede ser que mientras el adversario se organiza para arrasarlo todo, nosotros sigamos discutiendo, como decimos en los pueblos, si los perros que vienen son galgos o podencos… y mientras tanto, el conejo se nos va a la madriguera.
No hace falta reinventar el mundo ni rebautizar lo que ya existe. Lo que hace falta es voluntad política, generosidad y firmeza. Una izquierda que deje de encerrarse en sus siglas como si fueran castillos, y empiece a abrir compuertas para encontrarse con otras, con todos sus matices y acentos. Porque la alternativa a esa unidad es la rendición.
Y sí, se puede ser feminista, comunista, ecologista, soberanista o pacifista… y entender que ahora toca caminar juntas. Que no estamos aquí para imponer purezas ideológicas, sino para frenar la maquinaria del odio, del racismo, del expolio, de la precariedad y del genocidio. Y que si no lo hacemos ahora, si seguimos enredados en nuestras miserias, quizás tengamos que dar explicaciones futuras de por qué no supimos estar a la altura del momento.
Hace no mucho escribí que esta necesidad de unidad no es solo estratégica, es moral. Que no puede ser que sigamos obsesionados con quién lidera qué, mientras los ayuntamientos pierden competencias, los hospitales públicos se vacían y los fascistas campan por los parlamentos. La mayoría social no necesita escenificaciones huecas, necesita certezas. Necesita acuerdos firmes, no batallas internas. Necesita gestos concretos, no exhibiciones de pureza.
Como dice un viejo refrán: “Un grano no hace granero, pero ayuda a su compañero”. No somos más que eso: un grano entre muchos. Pero juntos, podemos ser la fuerza de las mujeres, de los colectivos LGTBI, del sindicalismo, de la paz, del no a la guerra, de la defensa del salario mínimo, de las pensiones dignas, de una educación pública libre y de calidad, de una sanidad universal y gratuita. Podemos ser quienes frenen el genocidio en Palestina, quienes resistan al neofascismo que viene vestido de democracia.
Ojalá tengamos, aunque sea por un instante, un momento de lucidez. Y entendamos que no somos el ombligo del mundo. Que nuestra organización no es más importante que el futuro de los pueblos. Que la unidad no es una opción; es una obligación histórica.
Porque sin unidad no hay futuro.
Y sin futuro, solo quedará la barbarie.
Comentarios
Publicar un comentario