Se vuelve a poner de moda la escoba de rama
Se vuelve a poner de moda la escoba de rama
Por Fidel Romero


Hay símbolos que no envejecen. Hay gestos que, aunque parezcan pequeños, hablan más claro que mil titulares. Hace unos años, cuando la corrupción azotaba con fuerza al Gobierno de Mariano Rajoy y el Partido Popular acumulaba casos judiciales como quien colecciona medallas, envié desde La Roda de Andalucía un kit de limpieza simbólico a la Moncloa. Lo hice como alcalde, pero sobre todo como ciudadano harto de ver cómo las instituciones eran secuestradas por intereses privados y cloacas políticas. Aquel kit incluía una escoba de rama, como las que se usaban en los cortijos andaluces, hechas con plantas duras de nuestros caminos, las que servían para barrer entre las piedras del empedrado y sacar toda la porquería que se escondía entre las rendijas.
Hoy, esa escoba de rama vuelve a estar más vigente que nunca.
Esta misma semana hemos conocido que la Comunidad de Madrid concedió una subvención de 2 millones de euros a dedo al hermano de un alto cargo del gobierno de Ayuso. Una asociación privada, dinero público, y vínculos familiares evidentes. El alto cargo, Juan Manuel López Zafra, ha sido cesado en medio del escándalo, pero nadie asume responsabilidades políticas. Lo llaman “reorganización técnica”, pero todos sabemos que es un cese de tapadillo. Otra más. Otro caso más. Como si la lista no fuera ya interminable.
Y sin embargo, la impunidad sigue campando a sus anchas. La prensa libre brilla por su ausencia cuando se trata de poner el foco sobre quienes reparten subvenciones entre amigos o repiten esquemas de corrupción ya conocidos. Pero tampoco podemos caer en la tentación de señalar solo a un lado del tablero. Porque si hablamos de regeneración, hay que hablar también del caso Koldo, del caso Cerdán, del reparto de contratos en plena pandemia o de los silencios del poder cuando las tramas manchan también al PSOE. Si no se actúa con la misma contundencia en todos los casos, caemos en el mismo pozo de descrédito que ha alimentado a la extrema derecha y la desafección ciudadana.
No se puede regenerar nada si se mira hacia otro lado cuando el barro también mancha tu casa.
Y no nos olvidemos de Montoro. El milagro económico del PP. El de “Hacienda somos todos”… menos mis amigos. El que legalizó dinero negro de la corrupción y de paraísos fiscales con una amnistía ilegal, declarada inconstitucional. Ese 3% simbólico que pagaron las grandes fortunas por blanquear millones. Hoy lo presentan otra vez como experto económico, como sabio veterano en el cónclave del PP. Lo sientan a la mesa sin pudor. Como si no hubiéramos aprendido nada. Como si su legado no fuera una ley hecha a medida para que los defraudadores se rieran de todos nosotros.
Lo más grave es que muchos de sus antiguos altos cargos siguen hoy bien colocados, en despachos de la administración o en consejos de grandes empresas. La puerta giratoria sigue girando. Las leyes fiscales siguen protegiendo a los que más tienen. El rescate bancario que nos vendieron como imprescindible no ha devuelto ni un céntimo. Los bancos baten récords de beneficios mientras los ciudadanos pagan hipotecas imposibles, alquileres disparados y precios de la luz inflados. Y encima hay que escuchar cómo la derecha habla de austeridad, de recortes, de responsabilidad… mientras se blindan privilegios y se reparten el dinero público como si fuera un cortijo familiar.
Por eso insisto: la regeneración democrática no puede venir ni del PP ni del PSOE, si no están dispuestos a aplicar medidas valientes, ejemplares, durísimas contra la corrupción y, sobre todo, contra los corruptores. Porque no basta con señalar al que mete la mano: hay que perseguir a quien le paga para hacerlo. El que corrompe debe tener el mismo o mayor castigo que el que se deja corromper.
La izquierda tiene una oportunidad. El gobierno tiene una responsabilidad. La ciudadanía lo exige. O se limpia en serio, o el sistema se pudre del todo.
La escoba de rama que mandamos a Moncloa hace años no era un adorno. Era un mensaje. Hoy más vigente que nunca. Aquella escoba de nuestros cortijos servía para esculcar, para hurgar entre la piedra y sacar toda la mierda acumulada. Eso es lo que hace falta. Una limpieza profunda. No una mano de pintura. Una limpieza desde las leyes, desde la ética, desde la justicia. Y si hay que volver a enviarla, se envía. Pero esta vez, que no se quede en la puerta. Que entre. Y que barra hasta el último rincón.
Porque la democracia no la construyen las élites, ni los despachos. La democracia real nace cuando el pueblo se remanga y dice ¡basta ya!
Comentarios
Publicar un comentario