No podemos permitir otra noche como la de Torre Pacheco
No podemos permitir otra noche como la de Torre Pacheco
Por Fidel Romero

Estoy profundamente indignado. Lo que ha ocurrido en Torre Pacheco no puede pasar ni una sola noche más en este país. No podemos permitir que grupos de ultraderechistas, neonazis, supremacistas blancos o como quieran llamarse —porque al final son lo mismo: basura ideológica disfrazada de patriotismo— se organicen para cazar inmigrantes por las calles, como si estuviéramos en la Alemania de 1938.
Las imágenes que hemos visto en redes y medios no son un aviso: son una maldita advertencia de lo que viene si no actuamos ya, con firmeza y sin miedo. Dos ultras con simbología nazi, con el Sol Negro y la calavera de las SS en sus camisetas y riñoneras, fueron a un barrio humilde no a debatir ni a protestar, sino a golpear a personas inocentes por el simple hecho de haber nacido en otro país.
¿Y de dónde nace este odio? De la propaganda constante, de las mentiras repetidas mil veces por medios de comunicación alineados con la extrema derecha, de las redes sociales intoxicadas por bulos, de discursos políticos cada vez más agresivos y deshumanizadores. Los mismos que luego se lavan las manos y se hacen las víctimas.
La escalada ya venía anunciándose. Esta olla de odio llevaba tiempo hirviendo. Cada bulo sobre ayudas falsas a inmigrantes, cada mentira sobre la delincuencia, cada titular que apunta a los de fuera como el problema… todo ha contribuido a crear este clima irrespirable. Y el siguiente paso será una tragedia aún mayor. No nos llevemos las manos a la cabeza cuando tengamos que enterrar a una mujer, a un niño o a un trabajador inocente que solo vino a ganarse la vida.
No somos diferentes a quienes hoy sufren las agresiones. Nosotros también hemos emigrado. Nuestros abuelos cruzaron el mar y fueron jornaleros en Francia, obreros en Alemania, limpiadoras en Suiza. Sabemos lo que es ser extranjero, buscar dignidad y trabajo. No podemos mirar con desprecio a quien hoy hace lo mismo en nuestras tierras.
Los verdaderos responsables no son solo quienes golpean con palos o gritan “moros de mierda”. Son también quienes les dan cobertura, quienes agitan el miedo, quienes justifican el racismo con discursos disfrazados de preocupación social. Ellos son cómplices. Y hay que decirlo alto y claro: la ultraderecha es hoy el principal peligro para la convivencia en España.
Si no actuamos con contundencia ahora, mañana puede ser tarde. La violencia no se para con tibieza ni equidistancia. Hay que aislar políticamente a quienes son incapaces de condenar estas atrocidades. No se puede gobernar con quienes siembran odio. No se puede tolerar que desde las instituciones se ampare el racismo.
Y tampoco podemos olvidar que en el abuso laboral, en la explotación del migrante, también anida el germen del odio. Necesitamos condiciones de trabajo dignas, contratos legales, derechos laborales para todos. Porque quien vive entre nosotros con dignidad, también sostiene nuestro sistema: cuida a nuestros mayores, recoge nuestros frutos, paga nuestras pensiones y mantiene viva la economía de regiones enteras.
Este país no necesita supremacistas ni banderas manchadas de odio. Necesita dignidad, justicia y memoria. Y un compromiso claro: desterrar para siempre todo acto racista, toda agresión xenófoba, todo discurso que nos avergüence como sociedad.
No habrá paz sin justicia. No habrá convivencia si no llamamos a las cosas por su nombre. Y hoy, en Torre Pacheco, lo que ha ocurrido tiene un nombre: terror racista. No miremos para otro lado.
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