El problema no está en los cuernos, está en las ideitas que tiene el bicho
El problema no está en los cuernos, está en las ideitas que tiene el bicho
Por Fidel Romero
Lo vimos venir. Y lo dijimos.

Recuerdo perfectamente aquel día en el que Juan Manuel Moreno Bonilla visitó Herrera. Estábamos en plena lucha por recuperar el servicio de urgencias 24 horas en la comarca. Entonces él era líder de la oposición, y invitó a la Plataforma Médico 24 Horas para conocer de primera mano las carencias sanitarias de la Sierra Sur. Le hablamos del colapso en las urgencias, de las ambulancias que tardaban una eternidad, de las listas de espera interminables. Él, con tono conciliador, dijo que si llegaba a gobernar apostaría por reforzar el sistema, reducir tiempos de espera, mejorar los recursos. Pero hubo un detalle que me dejó inquieto. Hablando de las ambulancias, soltó como quien no quiere la cosa: “Si el servicio público no tiene medios suficientes, habrá que contratar ambulancias desde fuera, aunque sean privadas”.
Ahí, sin nombrarlo, asomó la patita de su modelo: el de derivar recursos públicos a lo privado.
Y es que ya entonces se le notaban las ideitas. Porque, como decía Curro Romero cuando le preguntaban por los toros más peligrosos: “El problema no está en los cuernos, está en las ideitas que tiene el bicho”. Y las ideas de Moreno Bonilla eran claras, aunque las disfrazara de moderación. Su modelo estaba escrito desde antes de gobernar: desmantelar la sanidad pública para beneficiar a sus amigos de la privada.
Hoy, las investigaciones judiciales están destapando lo que algunos venimos denunciando desde hace tiempo. Cambio de fechas en facturas, fraccionamiento de contratos para saltarse controles, documentos firmados por el propio presidente autorizando adjudicaciones infladas a clínicas privadas. Se habla de 250 millones de euros en Cádiz por contratos troceados para eludir la intervención. Y, por otro lado, de 150 millones desde la Junta de Andalucía desviados supuestamente con facturas manipuladas para justificar lo injustificable. Todo esto está siendo investigado por la justicia. Y cada día aparecen más pruebas.
Pero es que la ideología no prescribe. Siembras un modelo y luego cosechas corrupción.
Los testigos clave de esta trama —nada menos que los tres últimos gerentes del SAS— podrían confirmar cómo se tomaban las decisiones, cómo se saltaban los controles y cómo se maquillaban los expedientes para que la sanidad privada se llevara el dinero de todos. Mientras tanto, la pública, la que atiende a la mayoría, se desangra por falta de recursos, de personal y de inversiones.
Y ahora, con todo lo que está saliendo a la luz, uno empieza a atar cabos. ¿Dónde ha ido el dinero que le han quitado a la sanidad pública andaluza? Pues ahí lo tenemos: 771 millones de euros públicos para Clínicas Pascual, con un contrato firmado hasta 2027 para cinco hospitales privados en Cádiz y Huelva. ¿Y eso es todo? No. La misma Junta reconoce que entre 2014 y 2017 se usaron esos hospitales sin contrato alguno, pagando 407 millones a dedo, y ahora los tribunales están obligando a abonar otros 256 millones más. Más de 1.400 millones de euros públicos en total que han acabado en manos de una empresa privada. Y mientras tanto, nuestros hospitales públicos colapsan, los profesionales sanitarios se van, y las listas de espera siguen creciendo. Esto no es una casualidad. Es un plan. Lo vimos venir y hoy lo confirmamos.
La lucha por la sanidad pública, universal y de calidad no ha terminado. Queremos inversiones dignas, contratación estable para los profesionales, respeto a los servicios públicos. Lo que está pasando en Andalucía no es un error: es un proyecto ideológico que desprecia lo público para enriquecer a los de siempre. Y ante eso, solo cabe una respuesta: defender lo que es de todos con uñas y dientes.
Porque, aunque ahora la derecha haya acelerado este desmantelamiento sin pudor, la puerta la abrieron los anteriores gobiernos del PSOE, que desde mucho antes de 2014 ya comenzaron a tejer conciertos con la sanidad privada. No podemos ni debemos llamar “de izquierdas” a quienes usaron el poder para debilitar lo público. La etapa entre 2014 y 2017 es solo la punta del iceberg de una deriva que nosotros ya denunciábamos entonces: cientos de millones de euros entregados sin contrato a Clínicas Pascual. Hoy, el PP no hace más que ampliar ese modelo, blindarlo con contratos de 771 millones y convertirlo en sistema. Pero el origen de este saqueo viene de más atrás.
Y por eso nuestra lucha no es nueva. No es oportunista ni partidista. Viene de años defendiendo la sanidad pública con coherencia, frente a unos y a otros. Porque nosotros jamás hemos concebido ni aceptado el desvío de dinero público a intereses privados. Porque sabíamos lo que estaban haciendo, porque lo vimos y lo dijimos. Y porque seguimos aquí, sin haber cambiado de trinchera, defendiendo lo mismo que entonces: una sanidad para todos, no un negocio para unos pocos.
Y la cosa no acaba en la sanidad…
Hace solo unos días, la Fiscalía ha destapado otro escándalo en la misma provincia donde se están investigando los contratos sanitarios. En Cádiz, se han descubierto facturas falsas por 800.000 euros en el transporte escolar gestionado por la Junta de Andalucía. El Ministerio Público denuncia malversación de fondos tras una alerta de la Intervención General, y ya se han remitido otros tres casos más a la Oficina Andaluza Antifraude.
La corrupción no es un hecho aislado: es la consecuencia de un modelo que convierte los servicios públicos en negocio. Da igual que se trate de hospitales o autobuses escolares: si hay dinero público de por medio, hay amigos esperando el contrato. Y detrás, siempre el mismo patrón: troceo de contratos, desvío de fondos, facturas falsas… Y cero dimisiones.
Porque el problema no está solo en los cuernos. Está en las ideitas que tienen los que mandan.
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