Ni una bomba más. Ni un niño menos.

Ni una bomba más. Ni un niño menos.

Por Fidel Romero

Ayer viernes, a partir de las 19:00 h, vecinos y vecinas de La Roda de Andalucía salimos a la calle. Lo hicimos por justicia, por humanidad y por dignidad. Marchamos desde nuestro Ayuntamiento hasta el Parque de Las Huertas, acompañados de banderas palestinas, pancartas por la paz y gritos que pedían algo tan elemental como que se detenga el genocidio.

La concentración reunió a personas llegadas de todos los pueblos de la comarca: vecinos, colectivos, sindicatos, hombres y mujeres que no están dispuestos a mirar hacia otro lado mientras el pueblo palestino es masacrado. En el acto se leyó una carta estremecedora de una madre a su hija asesinada en Gaza, así como un emotivo texto de Pepi Valverde. También se explicó el objetivo de la recogida de firmas impulsada por la sociedad civil: exigir que se haga efectiva la orden del Fiscal Jefe del Tribunal Penal Internacional para detener a Benjamin Netanyahu y a su ministro de Defensa por crímenes de guerra y contra la humanidad.

Lo que está ocurriendo en Palestina no admite ya más eufemismos. Es un exterminio. Son más de 35.000 personas asesinadas, de las cuales más de 15.000 son niños. Miles más morirán por las bombas, pero también por el hambre y la sed, porque Israel ha convertido Gaza en un campo de concentración sin agua ni comida, sin medicinas ni refugio. Y mientras tanto, las potencias mundiales siguen manteniendo relaciones diplomáticas, comerciales y militares con un gobierno que actúa con total impunidad.

Durante la concentración, la palabra que más se repitió fue “malnacidos”. No es una exageración, no es una falta de respeto. Es la verdad. Porque hay que ser un malnacido para justificar la muerte de un solo niño. Hay que carecer por completo de alma y de conciencia para justificar lo que estamos viendo cada día: cuerpos de bebés rescatados entre escombros, hospitales arrasados, familias enteras borradas del mapa.

Y hay que ser cómplice —aunque sea por silencio— para seguir vendiendo armas, para seguir estrechando la mano de un criminal, para poner el dinero y los negocios por delante de la vida. En nuestro pueblo, incluso, se han escuchado y leído comentarios que invitan a no señalar a Israel por supuestos intereses comerciales. Como si las relaciones económicas pudieran justificar el genocidio. Pues bien, lo digo alto y claro: ninguna relación comercial, ningún interés económico, ninguna transacción —por millonaria que sea— justifica ni el más mínimo rasguño a un niño. Ni una lágrima. Ni un solo segundo de sufrimiento.

Si como humanidad permitimos que el dinero valga más que la vida, especialmente la vida de un niño, entonces lo habremos perdido todo. Si somos capaces de justificar este horror por una cifra en una cuenta bancaria, ya no merecemos llamarnos civilización. Y no exagero: si callamos, si miramos a otro lado, seremos recordados como aquellos que también lo permitieron.

La historia, como siempre, nos juzgará. Así como se señaló a los gobiernos que permitieron el genocidio nazi, un día nos señalarán a nosotros por permitir —en pleno siglo XXI— otro genocidio. Pero mientras ese día llega, somos muchas y muchos quienes no nos resignamos. Desde La Roda de Andalucía, desde cada rincón donde aún queda conciencia, seguiremos exigiendo el alto el fuego, el fin de la ocupación, el juicio a los responsables, y sobre todo, justicia para Palestina.

Porque no queremos ni una bomba más.

Ni un niño menos.

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