siempre, Pepe Mujica: el revolucionario que vivió como pensó

 Hasta siempre, Pepe Mujica: el revolucionario que vivió como pensó

Artículo de opinión de Fidel Romero


Me cuesta escribir estas palabras, porque no se despide fácilmente a alguien que no muere, que se queda para siempre en la memoria colectiva. Pepe Mujica no fue simplemente un presidente, un líder político o un exguerrillero. Fue, sobre todo, un hombre de izquierda que demostró que se puede vivir como se piensa, luchar sin odio y transformar desde la humildad.


No bajó jamás los brazos. Ni cuando lo encerraron en la soledad más cruel, ni cuando lo torturaron, ni cuando muchos le dijeron que sus ideas eran utopías. No conoció el rencor. No vivió con la herida abierta del odio, sino con la nobleza de perdonar a quienes lo quisieron doblegar. Supo que la lucha no se hace con venganza, sino con convicciones, con valores, con ternura incluso. Porque sí, Mujica fue un revolucionario tierno, y eso es quizás lo más profundo que nos deja.


Rico en principios, en ideas, en humanidad. Pobre en lo material por elección, porque entendió antes que muchos que uno no necesita casi nada para vivir feliz. Él lo decía y lo practicaba: el tiempo es lo más valioso que tenemos. No trabajamos para acumular cosas, sino para vivir. Para tener tiempo para los nuestros, para los hijos, para los amigos, para la vida misma.


Y en ese vivir ligero de equipaje, sin más lujos que una flor, una mateada o una charla sencilla, Pepe Mujica construyó un legado inmenso. Porque no se limitó a predicar. Legalizó el aborto, el matrimonio igualitario, reguló el cannabis. Apostó por la justicia social desde el gobierno, por el reparto equitativo de la riqueza, por una política con alma. Él creía que el ser humano puede y debe crear un hombre nuevo, uno capaz de mirar al otro con bondad y con justicia. No con superioridad, no con indiferencia.


Pepe nos enseñó que se puede ser un presidente sin corbata, un político sin fortuna, un líder sin soberbia. Nos enseñó que hay que vivir como se piensa, o se termina pensando como se vive. Que las causas no se abandonan, aunque se pierdan. Que se puede ser firme sin ser duro, fuerte sin dejar de ser humano.


Su vida entera fue una lección de coherencia. Una prueba viva de que desde la izquierda transformadora, desde la revolución ética, desde el compromiso profundo con los más humildes, se pueden cambiar cosas. Muchas cosas.


Por eso hoy no lo despedimos. Hoy recogemos su testigo. Nos deja valores, ideas, ejemplos. Nos deja su humanidad inmensa. Y nos deja también una misión: no olvidar nunca que hay personas que pasan por la vida para ser recordadas un instante. Pero hay otras, como él, que serán recordadas para siempre.


Hasta siempre, Pepe. Gracias por todo lo que hiciste. Gracias, sobre todo, por mostrarnos que es posible vivir sin traicionar lo que uno cree.

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—Fidel Romero



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