MALNACIDOS

“Malnacidos”

Por Fidel Romero

Hoy he visto algo en el Congreso de los Diputados que no puedo callar. He escuchado algo que debería rompernos por dentro. Gabriel Rufián ha alzado la voz —como pocas veces se hace en esa sala repleta de cinismo— y ha golpeado sonoramente con una lista de treinta páginas sobre la mesa. Treinta páginas. No eran informes ni estadísticas frías: eran los nombres de 15.000 niños palestinos asesinados.

Y lo ha dicho claro. Sin rodeos. Sin ambigüedades: “es de malnacidos justificar esta canallada”.

Malnacidos.

Así, con todas sus letras.

Según el Diccionario de la lengua española de la Real Academia Española, un malnacido es una persona “que muestra vileza o falta de nobleza y gratitud”; un término “malsonante” que define al canalla, ruin o despreciable.

Y yo me pregunto, ¿cómo llamar, si no es así, a quienes son capaces de justificar, blanquear o mirar hacia otro lado ante lo que está ocurriendo en Gaza?

¿Cómo es posible que haya políticos —como Ayuso, como Almeida, como tantos portavoces de la derecha y ultraderecha española— que tengan la desvergüenza de defender o relativizar el genocidio que se está perpetrando día tras día en Palestina?

Niños sin nombre. Madres sin hijos. Padres sin futuro. Familias enteras asesinadas por una maquinaria de guerra desproporcionada, inmoral y criminal.

Y mientras tanto, Europa calla.

España negocia.

Occidente comercia.

¿Qué tiene que pasar para que la comunidad internacional diga “basta”? ¿Cuántos cadáveres deben apilarse para que los gobiernos europeos tomen una decisión firme, enérgica, ética?

Me niego a aceptar que en 2025 aún tengamos que recordar que el exterminio no se negocia. Que con los genocidas no se pacta. Que una democracia que comercia con asesinos se mancha de sangre.

Gabriel Rufián ha tenido hoy el coraje de decir lo que muchos piensan pero callan. Porque ya no es solo Gaza. Es la deshumanización sistemática del pueblo palestino, es el hambre como arma, es el asedio como rutina, es el silencio como complicidad.

Y no, no se trata de relativizar el horror de Hamás, ni de justificar actos terroristas. Pero ese no es el punto. Lo que está haciendo el Estado de Israel, con la complicidad de demasiados gobiernos, es un castigo colectivo, es una venganza sin ley, sin límites, sin alma.

Y lo peor es que lo sabemos.

Todos lo sabemos.

Por eso, si no se nos eriza la piel cuando vemos esa lista de 15.000 niños muertos, entonces nos estamos perdiendo como humanidad.

Si no nos hierve la sangre al ver cómo se justifica el exterminio, entonces estamos muertos por dentro.

El llanto de esos niños estará en la conciencia de cada presidente europeo, de cada embajador, de cada ministra que no tuvo el coraje de frenar esto.

Lo que está haciendo Israel con Palestina —con el beneplácito de muchos— quedará en la historia como otro Auschwitz.

Sí, lo digo claro. Otro Auschwitz.

Porque cuando los mismos que fueron víctimas del Holocausto ejercen hoy un exterminio contra otro pueblo, no podemos hablar de seguridad ni de defensa. Solo de horror. De vergüenza. De crimen.

Por eso, hoy más que nunca, debemos alzar la voz.

Debemos denunciar.

Debemos manifestarnos.

Debemos exigir el fin de cualquier comercio, tratado, apoyo o complicidad con un Estado que ha cruzado todas las líneas rojas de la decencia.

Aquí no caben medias tintas.

Aquí no hay neutralidad posible.

Aquí se está con los verdugos o con las víctimas.

Y si no lo decimos ahora, si no actuamos ahora, la historia escribirá que en Europa, en España, en 2025, miramos hacia otro lado mientras miles de niños eran masacrados en Gaza.

Y eso, esa omisión, ese silencio, también será de malnacidos.

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