​CUANDO LAS FLORES PRETENDEN TAPAR EL ÚLTIMO GRITO DE BLAS INFANTE

CUANDO LAS FLORES PRETENDEN TAPAR EL ÚLTIMO GRITO DE BLAS INFANTE


«¡Viva Andalucía Libre!»: un grito que ni las balas pudieron silenciar y que tampoco puede ocultarse con un ramo de flores.


Por Fidel Romero Ruiz




Moreno Bonilla:


El pasado 6 de julio te vi depositar un ramo de flores ante la estatua de Blas Infante con motivo del aniversario de su nacimiento.


Mientras caminabas hacia ella, no podía dejar de preguntarme qué estaría pensando el Padre de la Patria Andaluza al verte acercarte.


¿Qué pensaría aquel hombre al que asesinaron el 11 de agosto de 1936 en la carretera de Carmona por gritar «¡Viva Andalucía Libre!»?


¿Qué pensaría quien dedicó su vida a defender la dignidad de Andalucía, a los jornaleros, a los trabajadores, a los humildes y a quienes nunca tuvieron más patrimonio que sus propias manos?


¿Qué pensaría al ver que quien hoy deposita flores a sus pies gobierna apoyándose en quienes han cuestionado su legado, han despreciado la memoria democrática y rechazan las políticas que permiten recuperar los restos de miles de hombres y mujeres que aún permanecen desaparecidos en las cunetas de esta tierra?


No puedo evitar imaginar que esas flores le pesarían más que cualquier piedra.


Porque hay flores que honran.


Y hay flores que intentan ocultar.


Las tuyas no pueden tapar la tierra que aún cubre a miles de andaluces asesinados por defender la legalidad republicana.


No borran las cunetas.


No silencian los fusiles.


No hacen desaparecer la mano que dio la orden de disparar.


Blas Infante no fue asesinado por defender una Andalucía de cartón piedra, ni una bandera para las fotografías oficiales, ni una autonomía vacía de contenido.


Lo asesinaron porque soñó una Andalucía libre, culta, justa y dueña de su destino.


Porque defendió a los jornaleros cuando hacerlo significaba enfrentarse a los poderosos.


Porque creyó que Andalucía debía levantarse sobre la dignidad de su pueblo y no sobre la resignación de los humildes.


Porque entendía esta tierra como un espacio de encuentro, de mestizaje, de justicia social y de fraternidad.


Por eso cuesta comprender que hoy se pretenda rendir homenaje a quien dio su vida por esos ideales mientras se gobierna con quienes han despreciado públicamente su figura y su legado.


No deja de ser una amarga contradicción depositar flores ante quien fue asesinado por defender una Andalucía libre mientras se cuestionan o se pretenden desmontar las políticas públicas destinadas a recuperar la memoria de quienes compartieron su mismo destino.


Homenajear a Blas Infante no consiste en depositar flores.


Homenajear a Blas Infante es abrir las fosas hasta recuperar al último desaparecido.


Es devolver un nombre a quienes fueron reducidos al silencio.


Es defender la identidad de Andalucía frente a quienes la niegan.


Es proteger a los trabajadores frente a quienes solo entienden el privilegio.


Es construir una tierra abierta, solidaria y orgullosa de sí misma, como la que él soñó.


Mientras te veía caminar hacia su estatua pensaba que quizá no eras tú quien contemplaba a Blas Infante.


Quizá era Blas Infante quien te estaba mirando a ti.


Y me preguntaba qué sentiría al ver acercarse con un ramo de flores a quien gobierna dependiendo del apoyo de quienes nunca han hecho suyo su legado y cuestionan la memoria de quienes fueron asesinados por el franquismo.


Porque las flores pueden marchitarse.


Los discursos pueden olvidarse.


Las fotografías institucionales desaparecerán con el tiempo.


Pero hay un grito que sigue resonando por encima de todo.


Aquel que salió de la garganta de Blas Infante cuando sabía que la muerte estaba frente a él.


«¡Viva Andalucía Libre!»


Ni las balas pudieron silenciar aquel grito.


Que nadie pretenda hacerlo ahora con un ramo de flores.

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