​FRAN: LA DIGNIDAD DE UN HOMBRE, LA FUERZA DE UN PUEBLO

FRAN: LA DIGNIDAD DE UN HOMBRE, LA FUERZA DE UN PUEBLO


Por Fidel Romero




Ayer acompañé a FRAN al Defensor del Pueblo Andaluz y desde el primer momento supe que no era un simple trámite institucional. Era llevar de la mano a alguien cuya vida ha sido un acto constante de entrega y solidaridad, un hombre que, con su ejemplo, recuerda a todos que la verdadera grandeza se mide por lo que damos a los demás. Entrar con él en aquella institución no era entregar un expediente; era presentar una vida entera marcada por la generosidad y la lucha silenciosa de quien siempre ha estado allí donde más hacía falta una mano, una palabra, una presencia.


Conocer a FRAN es conocer a alguien que nació en la casa donde vive hoy, la misma casa que le vio crecer, donde construyó su historia, donde aprendió a ser quien es. Una persona con una discapacidad del 93% y Gran Dependencia, que ha transformado sus limitaciones en compromiso, y su compromiso en ejemplo. Su casa está adaptada milímetro a milímetro a sus necesidades, porque no se trata solo de un techo, sino del hogar que sostiene su autonomía y su dignidad, un hogar que encierra recuerdos, cuidado y vida entera.


Recuerdo un gesto que dice mucho de su grandeza: hace años viajó a los campamentos de refugiados saharauis llevando consigo su silla de ruedas motorizada, adaptada a la perfección a sus necesidades. Allí encontró a alguien que la necesitaba más que él y, sin pensarlo, la dejó atrás y volvió a casa con una silla sencilla, sin motor ni artilugios. Ese día renunció a su comodidad para que otro pudiera vivir un poco mejor. Ese es FRAN, alguien capaz de poner la vida de los demás por encima de la suya propia, una persona que no busca reconocimiento pero que lo merece con cada acto de bondad.


Por eso, cuando un fondo buitre intentó arrebatarle su hogar, la reacción del pueblo no se hizo esperar. La Alameda se llenó, los vecinos de los pueblos cercanos se sumaron y hoy son 4600 las firmas que respaldan su derecho a seguir viviendo en la casa donde nació y donde ha construido toda su vida. Una casa que no es solo un inmueble, sino la historia de un hombre que ha dado todo lo que tenía por los demás, y que representa la dignidad y la memoria de su vida y de su familia.


Perder esa vivienda supondría un daño irreparable, no solo a su salud y autonomía, sino a su dignidad. Sería caer al abismo de la exclusión social, un riesgo extremo que los propios informes de los Servicios Sociales certifican. Además, el propio Estatuto de Autonomía de Andalucía reconoce que no puede haber un alzamiento ni una expulsión de su casa de aquellas personas que tengan más del 65% de discapacidad, y aquí nos encontramos con un 93%, lo que refuerza que hay argumentos jurídicos y en la propia ley que impiden que este lanzamiento sea una realidad. Y todo ello por la frialdad de un fondo buitre, ajeno a cualquier lógica humana, dispuesto a imponer la ley sin mirar a la persona que tiene delante.


Al cruzar la puerta del Defensor del Pueblo, llevábamos más que un expediente: llevábamos la historia de un hombre vulnerable y la de un pueblo que no está dispuesto a permitir que la legalidad se use para cometer una injusticia. El Defensor del Pueblo tiene la función de proteger los derechos fundamentales y a los colectivos más vulnerables, y FRAN encarna ese mandato: defender a quien siempre ha defendido a otros, impedir que la aplicación fría de normas termine destruyendo vidas.


No se trata solo de un procedimiento administrativo. Lo que está en juego es la sociedad que queremos ser: una que protege a quienes más lo necesitan o una que mira hacia otro lado mientras un fondo buitre expulsa a una persona con discapacidad extrema de su hogar. Mientras haya una puerta que abrir, un escrito que presentar, una plaza que llenar o una firma que recoger, allí estaremos. Porque a FRAN no lo van a echar de su casa y, pase lo que pase, siempre nos van a tener aquí.


Estar con él ayer me recordó que todavía existen lugares donde la razón jurídica puede encontrarse con la razón humana, donde la solidaridad puede imponerse a la frialdad de los números y donde la justicia puede abrirse camino gracias a la unión de quienes no aceptamos la injusticia como inevitable. FRAN se merece la justicia y la solidaridad, y mientras haya vida, mientras haya quienes creen en la humanidad, estaremos con él, como él siempre ha estado para los demás.

Comentarios

Entradas populares de este blog

​DE HUMILLADERO A MÁLAGA: EL PUEBLO QUE NUNCA OLVIDÓ A SU HIJO

CARTA ABIERTA AL SEÑOR ABASCAL