​CUBA: LA SOLIDARIDAD QUE NOS INTERPELA

CUBA: LA SOLIDARIDAD QUE NOS INTERPELA 


Cuando la humanidad da todo, no puede quedarse sola — Hoy es tiempo de corresponder


Por Fidel Romero




Hoy escribo estas líneas con el corazón encendido por la emoción y la indignación. Siento que hay historias que no pueden seguir quedándose entre susurros, que merecen ser contadas con la fuerza de quienes han visto al mundo cambiar gracias a actos de amor, valentía y humanidad sin fronteras. Esta es la historia de un pueblo pequeño en tamaño pero inmenso en solidaridad: Cuba.


Cuando pienso en solidaridad pienso en médicos entregados sin duda, sin pausa y sin pedir nada a cambio. Pienso en aquellos hombres y mujeres que, vestidos con batas blancas, cruzaron océanos y continentes hacia tierras devastadas por epidemias, terremotos o crisis sanitarias que parecían imposibles de enfrentar. Pienso en las brigadas médicas cubanas, entrenadas para enfrentar situaciones extremas y llevar alivio donde otros no se atrevieron a llegar.


Fue en 1963 cuando Cuba envió su primera misión médica al exterior, un gesto de fraternidad que marcaría para siempre la historia de la cooperación humanitaria global. Desde entonces, decenas de miles de profesionales de la salud han trabajado en más de 160 países, llevando atención médica a comunidades humildes y olvidadas por los sistemas tradicionales.


Recuerdo imágenes precisas de esas brigadas luchando contra el Ébola en África Occidental, enfrentando el virus con determinación mientras la mayoría del mundo retrocedía ante el miedo. Allí, en condiciones extremas, los médicos cubanos permanecieron, cuidando, sanando, arriesgándolo todo por la vida.


Y no fue un acto aislado. Desde terremotos devastadores, huracanes en Centroamérica, hasta crisis complejas en Haití o Nigeria, las brigadas de Cuba estuvieron ahí, poniendo el valor humano por delante de cualquier interés político.


La Brigada Médica Internacional Henry Reeve, creada para responder a desastres y epidemias graves, se ganó el reconocimiento mundial por su entrega en las jornadas más difíciles.


Durante la pandemia de COVID‑19, Cuba volvió a demostrar su compromiso con la humanidad: más de 50 brigadas médicas cubanas fueron desplegadas en más de 40 países para combatir la pandemia, incluso en naciones europeas donde los sistemas de salud estaban al borde del colapso.


Esto no es solo cooperación, es fraternidad en acción. Es poner la vida de otros por encima de cualquier cálculo político o económico.


Y sin embargo, mientras Cuba daba, muchos países miraban hacia otro lado. Desde hace más de seis décadas, los Estados Unidos han impuesto un bloqueo económico, comercial y financiero a Cuba, una política diseñada para presionar y castigar al pueblo cubano que ha decidido servir al mundo sin renunciar a su dignidad.


Este bloqueo no es un simple embargo comercial: limita el acceso a recursos básicos como alimentos, medicamentos, energía y tecnología médica, dificultando la vida cotidiana de millones de personas, incluso en servicios de salud esenciales.


Hoy, esa política se ha intensificado, con sanciones y restricciones que afectan incluso a las misiones médicas, uno de los pilares económicos y humanitarios de la isla.


Mientras Cuba enfrenta una crisis energética, problemas de suministro de combustible y escasez de recursos en hospitales, asociaciones de cubanos en el extranjero se organizan para enviar ayuda, denunciando que “no nos han tirado bombas, pero nos están matando lentamente”.


No se trata solo de cifras o estadísticas, sino de vidas concretas: familias, niños, ancianos, enfermos que sufren las consecuencias de políticas que deberían estar destinadas a proteger a los pueblos, no a asfixiarlos.


La solidaridad cubana no se limita a un momento de crisis: ha sido una política constante de amor, compromiso y entrega. Mientras el mundo miraba hacia sus propios intereses, Cuba respondía con sus manos, con su ciencia, con su calor humano.


Hoy, el mundo no puede quedarse en silencio. No cuando un pueblo que ha salvado millones de vidas clama por justicia. No cuando la misma solidaridad que ofreció al mundo está siendo golpeada por políticas injustas. Hoy nos toca corresponder con acciones reales: exigir el fin del bloqueo, apoyar con recursos tangibles, reclamar justicia para quienes han dado todo sin pedir nada.


Porque la verdadera grandeza no radica en el poder, sino en la capacidad de dar, de compartir y de levantarse juntos frente a la adversidad.


La historia de Cuba nos interpela. Hoy es nuestro turno de responder.

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