FELIPE GONZÁLEZ: EL PUÑO EN ALTO, LA DERECHA EN EL BOE
FELIPE GONZÁLEZ: EL PUÑO EN ALTO, LA DERECHA EN EL BOE
Por Fidel Romero
Felipe González ha anunciado que votará en blanco. Algunos lo presentan como un gesto sorprendente, otros como una pataleta política. Pero yo veo la realidad mucho más simple: no estamos ante una ruptura con la izquierda, sino ante la confirmación definitiva de una trayectoria que hace décadas dejó de ser socialista para convertirse en uno de los pilares del modelo económico más conservador de la democracia española.
Recuerdo cuando González llegó al poder envuelto en símbolos. El puño y la rosa, el cambio, la promesa de justicia social tras el franquismo. Representaba a una generación que creía que por fin gobernarían los trabajadores. Pero yo siempre he pensado que la historia no se escribe con símbolos, sino con decretos, leyes y decisiones económicas. Y ahí empezó la verdadera transformación: la del PSOE en un partido de gestión del capitalismo, no de transformación social.
Bajo su mandato, el socialismo dejó de ser horizonte para convertirse en retórica. La reconversión industrial golpeó con dureza a miles de trabajadores, el movimiento obrero fue debilitado y el sector público comenzó a perder peso estratégico en favor de grandes intereses económicos. Mientras se hablaba de modernización, se abría la puerta al neoliberalismo que décadas después marcaría la precariedad estructural del país.
El modelo económico que se consolidó durante aquellos años apostó por el crecimiento rápido, la especulación y la cercanía con grandes poderes financieros, en lugar de construir una base productiva fuerte y socialmente justa. La economía del pelotazo sustituyó a la planificación industrial. La estabilidad macroeconómica se convirtió en excusa para sacrificar derechos laborales. Y yo siempre lo he dicho: el discurso socialista terminó sirviendo de envoltorio para políticas que beneficiaron más a las élites que a las clases populares.
Por eso resulta profundamente revelador que hoy Felipe González sea celebrado en tribunas conservadoras y que sus discursos conecten más con la derecha que con la izquierda social. No me sorprende. Es coherencia histórica. Sus decisiones de gobierno ya anticipaban el camino que hoy recorre sin disimulo.
Frente a esa deriva, voces como la de Julio Anguita insistieron en una idea simple pero incómoda: a los políticos no se les mide por lo que dicen, sino por lo que hacen. Y yo lo suscribo: lo que hizo Felipe González fue transformar un partido obrero en una maquinaria institucional que administró el sistema económico dominante en lugar de cuestionarlo.
Hoy, su voto en blanco no es una sorpresa. Es el cierre lógico de una trayectoria que empezó prometiendo socialismo y terminó consolidando un modelo económico que debilitó derechos laborales, redujo lo público y fortaleció a los grandes poderes económicos.
Recientemente, ha surgido una polémica que evidencia la tensión que todavía genera su figura. El expresidente de la Junta de Andalucía, Rafael Escuredo, criticó públicamente a Felipe González y le pidió que se retire de la vida pública. Lo hizo con un mensaje directo en redes sociales donde decía algo así como:
👉 “¿Por qué no te retiras y nos dejas en paz?… nos das pena”.
Esta reacción se produjo después de que González declarara que votaría en blanco si continúa la línea actual del PSOE, criticara la situación política y advirtiera de una posible derecha “abrumadoramente mayoritaria”, además de hacer comentarios sobre pactos y Pedro Sánchez. Lo que para algunos es un gesto de coherencia histórica, para Escuredo y otros provoca malestar y una crítica dura, que revela que el legado de González sigue generando debates incluso dentro de su propia órbita.
Porque, al final, la historia no recuerda los símbolos, recuerda las consecuencias. Y la verdadera pregunta no es qué votará ahora Felipe González, sino qué país ayudó a construir cuando tuvo todo el poder para hacerlo diferente.
Llevas toda la razón, fuimos muchos los que vivimos y sufrimos sus políticas, cuando tenía su mayoría absoluta y se creían, junto con su inseparable Alfonso Guerra, los llamados por Dios para salvar a los trabajadores, que fue a quienes consiguió engañarles durante muchos años.
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