✈️💼 TRAJE DE ARMANI, MALETÍN Y JET PRIVADO: ASÍ SE ROBA EL DERECHO A LA VIVIENDA
✈️💼 TRAJE DE ARMANI, MALETÍN Y JET PRIVADO: ASÍ SE ROBA EL DERECHO A LA VIVIENDA
Por Fidel Romero
“Se necesitan 59 años de sueldo para comprarse un piso de 60 metros cuadrados. 59 años.”
Con esa frase, pronunciada por Gabriel Rufián en el Congreso, quedó al desnudo una verdad que millones de trabajadores sienten cada día: tener una vivienda en España se ha convertido en una misión imposible.
La vivienda, ese techo que debería ser un derecho básico, ha sido convertida en mercancía. En un país donde la Constitución reconoce el derecho a una vivienda digna, hoy ese artículo se ha convertido en papel mojado. Las cifras son demoledoras: los pisos se compran “a tocateja”, el 60 % de las viviendas se pagan al contado y solo el 14 % de las operaciones son para vivir en ellas. Lo demás es pura especulación, fondos de inversión y dinero que viene en jet privado, no en patera.
Porque no, el problema no son los migrantes que llegan jugándose la vida bajo las ruedas de un camión o cruzando el mar en una barca. Esos hombres y mujeres vienen a trabajar, a levantar este país, a cuidar a nuestros mayores, a limpiar nuestras calles, a hacer los trabajos que muchos ya no quieren.
Los que nos roban el derecho a una vivienda no vienen descalzos: vienen con maletín, traje caro y el respaldo de los fondos buitre.
En Madrid, la alcaldesa Ana Botella vendió miles de viviendas públicas a fondos buitre, y hoy las familias que las habitaban siguen peleando por recuperarlas. Eran pisos que debieron servir para que la gente humilde tuviera un techo, y se convirtieron en negocio para unos pocos. Esa es la política de la derecha: poner al servicio del dinero lo que debería estar al servicio del pueblo.
En los años 80 y 90, con esfuerzo y trabajo, las familias podían levantar su casa, hipotecarse 15 o 20 años y salir adelante. Hoy, ni trabajando toda una vida se puede acceder a una vivienda.
El sueño de emanciparse, formar una familia, tener un hogar propio, se ha convertido en un lujo.
La derecha y la ultraderecha quieren hacernos creer que la culpa es del inmigrante, del pobre, del que llega buscando una oportunidad. Pero ellos saben bien que el negocio está en otro lado, en esos fondos de inversión que compran edificios enteros, los vacían y suben los alquileres a precios imposibles.
Son esos mismos fondos los que financian campañas, los que pagan favores, los que corrompen la vida pública.
Frente a eso, debemos decir alto y claro:
👉 La vivienda no puede ser un negocio.
👉 La vivienda es un derecho humano.
👉 Y los poderes públicos tienen la obligación de garantizarlo.
Como decía mi padre, “el que se casa, casa quiere”. Y tenía razón: todos necesitamos un lugar donde vivir, amar, criar a nuestros hijos y sentirnos libres.
Un hogar no es un lujo, es el punto de partida de la dignidad.
Por eso, es hora de exigir leyes que paren la especulación, que impidan que unos pocos sigan jugando con la vida de millones. Porque sin casa no hay futuro, y sin futuro no hay país.
Comentarios
Publicar un comentario