​POR SUS HECHOS LOS CONOCERÉIS

POR SUS HECHOS LOS CONOCERÉIS


Por Fidel Romero




En mi casa siempre se contaba una historia que servía para entender bien la diferencia entre lo que se dice y lo que se hace. Mi padre hablaba mucho de un cosario del pueblo, Antonio, que todos los días iba a Antequera. Los cosarios, antiguamente, eran quienes hacían los recados y mandados que los vecinos y vecinas les encargaban.

Cuando alguien se acercaba a él y le decía: “Antonio, mañana cuando vayas a Antequera, ¿me traes dos kilos de café y un kilo de azúcar?”, Antonio respondía: “Dicho”.

Si otro vecino venía detrás y le pedía: “Antonio, tráeme un kilo de harina y un kilo de tomates, toma el dinero”, él contestaba: “Hecho”.


Por eso, en los pueblos surgió un dicho que lo explicaba todo:

“Del dicho al hecho va un trecho.”

Y pocas veces ha sido tan acertado como hoy, hablando de nuestra sanidad pública.


La aprobación de la ILP sobre sanidad pública en el Parlamento de Andalucía es, sin duda, una buena noticia. Pero ahora toca algo mucho más importante: mirarse al espejo. Porque las palabras, por muy solemnes que sean dentro de las paredes del Parlamento, no sirven de nada si no se convierten en hechos reales que mejoren la vida de la gente.


Es fundamental destacar que esta ILP no surge de los intereses de ningún partido, sino de la sociedad civil. Más de 57.000 firmas acompañan esta iniciativa, y esas firmas no se quedan en un papel: traspasan las paredes del Parlamento. Son un recordatorio de que la ciudadanía exige respuestas urgentes. La Marea Blanca ha empujado con fuerza, derribando muros, haciendo que la sociedad civil entre con voz propia en la política. Y en ese contexto, el PP, acorralado por el miedo a las mareas ciudadanas y a las próximas elecciones, ha tenido que votar a favor, aunque históricamente haya defendido la sanidad privada y obstaculizado la pública.


Llevamos demasiado tiempo acostumbrados a la retórica política, a las declaraciones rimbombantes, a los discursos que parecen compromisos pero que luego nunca llegan al Boletín Oficial de la Junta de Andalucía, que es donde de verdad se escribe lo que cuenta: las leyes, los presupuestos, los recursos y las decisiones que transforman la realidad.


La ILP aprobada es un paso, sí. Pero un paso no es un camino.


Y conviene no olvidar el contexto: el voto positivo del PP llega en un momento cercano a elecciones, condicionado por la evidencia de listas de espera, retrasos graves y muertes de usuarios, especialmente en situaciones críticas como los tratamientos de cáncer en la sanidad privada. La presión social ha sido tan intensa que incluso los que han favorecido históricamente la privatización se ven obligados a votar a favor. Ahora la responsabilidad recae en todos: debemos presionar al máximo para que esta ILP no se quede en un gesto simbólico, sino que se transforme, por vía de urgencia, en ley con dotación presupuestaria efectiva y recursos reales.


Ahora toca materializar cada punto de acuerdo:

Eliminando la dependencia de los conciertos privados.

Apostando por una inversión pública real, sostenida y suficiente.

Aprobando de una vez la partida presupuestaria que venimos reclamando, para reforzar una sanidad pública que, hoy por hoy, está al límite.


Porque no podemos seguir diciendo una cosa y haciendo la contraria. No podemos seguir firmando y votando en el Parlamento documentos que luego no tienen reflejo alguno en el BOJA. La ciudadanía está cansada de promesas vacías. Y yo, que vengo de la política municipal, sé bien que en los pueblos existe una frase que lo resume todo:

“Por sus hechos los conoceréis”.

No por lo que se diga, no por lo que se declare, sino por los hechos concretos que cambian la vida de la gente.


Y esta vez esos hechos deben venir de una reivindicación que no nace ni de un partido político ni de un interés electoral: nace de la presión popular, de la calle, de la voluntad de la gente de a pie que exige una sanidad digna, humana, pública y de calidad.


El Gobierno andaluz ya no tiene excusas. Hablar de limitaciones presupuestarias mientras se externalizan servicios esenciales no es más que un balón fuera. Y mientras tanto, los recursos que deberían reforzar nuestra sanidad pública se siguen yendo a clínicas y hospitales privados. Si queremos una sanidad pública fuerte, la financiación está ahí: que esos recursos vuelvan a lo público, que dejen de sangrarse los presupuestos para sostener modelos privatizadores.


Además, el Estado ha perdonado intereses de la deuda y ha ofrecido herramientas financieras para aliviar las cuentas autonómicas. Pero el Gobierno andaluz no las ha aprovechado. Ese dinero podría haber reforzado la atención primaria, haber reducido listas de espera, haber estabilizado a miles de profesionales sanitarios.


Y aquí quiero ser claro:

Quiero ver la ley que blinde la sanidad pública.

Quiero ver los recursos puestos encima de la mesa, con números, con compromisos, con fechas. Quiero ver la financiación necesaria para mejorar la situación laboral de nuestros profesionales sanitarios, que sostienen el sistema con una dedicación admirable pese a las condiciones que soportan. Quiero ver, negro sobre blanco, que se apuesta definitivamente por la sanidad pública que Andalucía merece.


Porque Andalucía necesita una sanidad que sea un referente, no un problema.

Una sanidad que atienda con dignidad a su gente.

Una sanidad sin parches, sin excusas, sin atajos privatizadores.


Por eso hoy, más que celebrar una ILP, lo que toca es recordar algo básico:

un Parlamento se define por lo que publica, no por lo que proclama.


Y yo como mucha gente en Andalucía quiero ver ya los hechos:

los recursos, las leyes, la inversión y la voluntad política para que nuestra sanidad pública vuelva a ser el orgullo que nunca debió dejar de ser

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