LA COBARDÍA DE LOS GOBIERNOS EUROPEOS ANTE EL CRIMEN EN GAZA

LA COBARDÍA DE LOS GOBIERNOS EUROPEOS ANTE EL CRIMEN EN GAZA

Por Fidel Romero

Hoy escribo con rabia, con vergüenza y con el dolor que produce ver cómo los gobiernos europeos se arrodillan, una y otra vez, ante los crímenes de Netanyahu. Una flotilla de paz, compuesta por activistas que no portaban armas, que no buscaban más que abrir un corredor humanitario para llevar medicinas y alimentos a un pueblo asediado, ha sido interceptada en aguas internacionales. Barcos pacíficos, tripulados por ciudadanos europeos, han sido atacados, detenidos y humillados. Y mientras tanto, nuestros gobiernos no hacen nada.

No hay excusa. Se trata de un acto de piratería de Estado, una violación flagrante del derecho internacional. Pero Europa calla, Europa agacha la cabeza. Europa se muestra servil. Nos dicen que “garantizarán la seguridad consular”, que “vigilarán que no haya violencia”. Palabras vacías que esconden la cobardía de quienes prefieren no molestar al verdugo.

¿Hasta cuándo vamos a tolerar que Netanyahu actúe con total impunidad? Su gobierno está cometiendo, ante los ojos del mundo entero, el mayor genocidio conocido en tiempos modernos. No lo digo yo: lo dicen los hechos. Bombardeos sistemáticos sobre población civil, hambre planificada, asfixia sanitaria. Y cuando unos pocos valientes intentan llevar ayuda, son tratados como criminales. La pregunta es inevitable: ¿quiénes son los criminales aquí?

Nuestros gobiernos —el español, el francés, el alemán, todos— prefieren esconderse detrás de eufemismos. Hablan de “no contribuir a la tensión”. Pero no hay nada más cobarde que esa frase. La tensión no la crean quienes llevan medicinas. La tensión la crean los que bombardean hospitales, los que bloquean la entrada de alimentos, los que atacan en aguas internacionales. La tensión la crea el Estado de Israel con su brutalidad.

Sentimos vergüenza. Vergüenza de nuestros gobernantes, que besan el suelo por donde caminan los poderosos y permiten que un pueblo entero sea sacrificado. Vergüenza de la Europa de los derechos humanos, que en Gaza se convierte en Europa de la indiferencia. Vergüenza de quienes, como Netanyahu y su amigo Donald Trump, se presentan como defensores de la democracia mientras apadrinan la barbarie.

Hoy no basta con la diplomacia tibia. Hoy hay que decirlo alto y claro: los gobiernos europeos son cómplices de Netanyahu. Su silencio y su cobardía lo convierten en un genocidio compartido. Y nosotros, como ciudadanos, no podemos callar. Porque cuando se ataca a activistas de paz en aguas internacionales, cuando se secuestra a quienes llevan alimentos a un pueblo hambriento, no sólo se está atacando a Palestina: se está atacando a la humanidad entera.

Por eso, después de lo sucedido con la flotilla, no basta con la indignación. Si Europa tuviera un mínimo de coherencia, debería romper inmediatamente toda relación diplomática con Israel, suspender los acuerdos comerciales, congelar sus activos en el extranjero y aplicar las mismas sanciones que se impusieron contra Rusia. Todo lo demás son excusas y complicidad. Porque arrodillarse una vez más ante Netanyahu y sus padrinos —Trump incluido— es traicionar no sólo a Palestina, sino a la humanidad entera

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