ENMIERDAR LA VERDAD: CUANDO EL PERIODISMO Y LA JUSTICIA SE TUERCEN

ENMIERDAR LA VERDAD: CUANDO EL PERIODISMO Y LA JUSTICIA SE TUERCEN

Por Fidel Romero

Se ha hecho viral una frase demoledora de Rosa Villacastín: “El Tribunal Supremo ha enmierdado la imagen de España”. Lo ha dicho tras conocerse la decisión de sentar en el banquillo al fiscal general del Estado, Álvaro García Ortiz, por un supuesto delito de revelación de secretos. Y tiene toda la razón. Porque lo que está ocurriendo es grave. Y no sólo por lo que implica para el Estado de derecho, sino por lo que oculta: una cacería política, mediática y judicial sin precedentes.

La base del procesamiento es que el fiscal, supuestamente, filtró datos personales del entorno de Isabel Díaz Ayuso. Pero lo que ya ha quedado demostrado, en sede judicial, es que las periodistas de El Confidencial tenían el IMEI del teléfono antes de que el fiscal tuviera acceso al mismo. Lo han declarado ellas mismas, sin ambigüedades. Entonces, ¿cómo puede alguien filtrar algo que ya otros tenían? ¿Cómo se sostiene una acusación así?

La verdad es que no se sostiene. Pero no importa. Porque aquí no se trata de justicia, sino de poder. De un sistema que se retuerce para castigar al adversario político, al funcionario que incomoda, al fiscal que no se arrodilla. Y lo más doloroso es que haya jueces que se presten a esta farsa, mientras los verdaderos delincuentes —los que defraudan, los que corrompen, los que manipulan desde sus despachos con moqueta— siguen impunes.

El fiscal general será juzgado, y probablemente condenado en los medios antes que en los tribunales. Mientras tanto, el jefe de gabinete de Ayuso celebra la noticia con su ya famoso “¡Pá’lante!”, como si esto fuera una campaña electoral y no una causa judicial.

A ver si cuando llegue de verdad lo constatado —que eso sí que está constatado—, lo del novio de Ayuso, y llegue la sentencia (porque ya ha sido denunciado y está siendo procesado), también le dice a los jueces “¡p’alante!” con lo defraudado, “¡p’alante!” con lo robado, “¡p’alante!” con lo de la residencia, y “¡p’alante!” con todas esas cuestiones. A ver si está igual de flamenco para decir “p’alante” con todos esos casos de corrupción, que sí están demostrados en sede judicial, y muchos de ellos con multa y sentencia condenatoria.

Yo no soy jurista, pero tengo sentido común. Y sé que si unas periodistas tenían un dato antes que el fiscal, el delito no puede estar en la fiscalía, sino en otro sitio. ¿O es que ahora perseguir la verdad también es delito?

Lo que ha hecho el Tribunal Supremo no sólo es una injusticia, sino un precedente peligrosísimo. Porque mañana puede ser otro fiscal, o un juez honesto, o un periodista incómodo. Hoy es García Ortiz. Mañana puede ser cualquiera.

Por eso comparto la indignación de Rosa Villacastín. Porque este no es un asunto menor. Es un síntoma de que algo profundo se está pudriendo en nuestras instituciones. Y cuando se pudre la justicia, se tambalea la democracia.

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