Desde que te vi venir, sabía que venías a por la sanidad pública
Desde que te vi venir, sabía que venías a por la sanidad pública
Por Fidel Romero

Lo que ha dicho Juan Manuel Moreno Bonilla no es un desliz. No es una frase sacada de contexto ni un lapsus del subconsciente. Es una confesión en toda regla. El presidente de la Junta de Andalucía ha dicho abiertamente que “la sanidad pública para todo y para todos puede llegar a ser inviable”. No hay ni trampa ni cartón. Lo ha dicho porque lo piensa. Porque lo cree. Y porque lo aplica.
Llevamos años denunciando lo que ahora, con sus propias palabras, se confirma sin rubor: el desmantelamiento de la sanidad pública andaluza no es una casualidad, ni una consecuencia inevitable del envejecimiento de la población, ni un problema de gestión. Es una apuesta política deliberada. Una elección ideológica. Una hoja de ruta que desvía cientos de millones de euros del sistema público hacia clínicas privadas, mientras los centros de salud cierran por las tardes, las listas de espera crecen sin control y los profesionales huyen agotados y maltratados.
¿Puede ser inviable la sanidad pública? Lo que la hace inviable es que los fondos que deberían servir para reforzarla, sostenerla y dignificarla se están utilizando para alimentar el negocio de unos pocos. Con todo lo que se ha derivado a la privada, podríamos haber contratado miles de profesionales, reformado hospitales, abierto urgencias rurales, instalado tecnología puntera y generado estabilidad y confianza en el sistema. Pero no. Lo que hay es una decisión política de vaciar la sanidad pública para justificar después su supuesta ineficacia y dejar el camino libre al modelo de quienes quieren convertir la salud en mercancía.
Se decía en los pueblos andaluces: “Desde que te vi venir, sabía que por ella venías”. Desde que vimos venir a Moreno Bonilla, sabíamos que venía a por la sanidad pública. Que venía a desmontar uno de los mayores logros de nuestra democracia. Que venía a aplicar el modelo de Estados Unidos, donde puedes morirte en la puerta de un hospital si no tienes tarjeta de crédito o un buen seguro privado.
La sanidad pública que conocemos en España ha sido un referente mundial. Universal, gratuita y accesible. Una sanidad que no pregunta por tu cuenta bancaria, sino por tus síntomas. Una sanidad que atiende al ser humano por el mero hecho de serlo. Una sanidad que ha salvado vidas, protegido familias y garantizado dignidad.
Esa es la sanidad que debemos defender con uñas y dientes. No podemos permitir que nos la roben a golpe de decretos, de contratos a dedo o de discursos cínicos. No podemos caer en la trampa de que es insostenible lo que ellos mismos están desangrando con premeditación. No podemos callarnos ante un modelo que castiga al pobre y premia al rico, que convierte el derecho en privilegio y la salud en negocio.
Yo no me resigno. Y no lo hará nadie que ame de verdad lo público, lo común, lo justo. Nos toca pelear cada día por una sanidad pública digna, universal, fuerte y bien financiada. Porque no se trata solo de hospitales o médicos. Se trata de dignidad, de igualdad, de humanidad.
Y sí, señor Bonilla, desde que lo vimos venir, sabíamos que venía con el bisturí del neoliberalismo. Pero aquí estamos, con la receta del pueblo, que es lucha, solidaridad y dignidad.
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