Los mastines del poder (Vox con X)
Los mastines del poder (Vox con X)
Artículo de opinión
Fidel Romero
Yo los he visto. He visto cómo ladran. He visto cómo enseñan los dientes a los pobres y cómo bajan la cabeza, sumisos, ante los poderosos. Los he escuchado gritar “¡Viva España!” con la boca llena de odio y el bolsillo lleno de dinero público. Son los mastines del poder. No los nobles perros que protegen al rebaño, sino los que trajeron los señoritos a los cortijos andaluces para vigilar la verja, para saltar sobre el jornalero, para cuidar el cortijo y su amo. Son eso: lacayos al servicio del dueño, siempre vigilando que el pobre no levante la voz, que no se acerque demasiado, que no moleste.
La extrema derecha de Abascal ha calado en muchos trabajadores, en gente humilde, en quienes apenas cobran el salario mínimo. Y lo ha hecho con un discurso de trileros, con una bandera en una mano y el pan de los demás en la otra. Porque eso es lo que hacen: agarran el pan grande, lo esconden, y te reparten migajas. Luego te dicen que esas migajas tienes que pelearlas con tu vecino, con el inmigrante, con el distinto. Te enfurecen con quien está a tu lado, mientras los de arriba se llevan el pan entero sin que te des ni cuenta. Un truco de prestidigitación perfecto.
Porque no defienden al español de a pie, no. Defienden al terrateniente, al fondo buitre, al patrón que explota. Defienden al que impone aranceles desde Washington, al que juega en bolsa con nuestras vidas desde un despacho de cristal. Defienden a los que se llevan el dinero fuera mientras tú discutes con tu compañero de curro sobre si ese senegalés cobra una ayuda que tú no tienes.
Y mientras hablan de expulsar a los inmigrantes, se callan cuando sus madres, sus hijos, sus mayores están cuidados por ellos. Se callan cuando el albañil que levanta su chalet es marroquí, o cuando la mujer que les limpia la casa viene de Ecuador. Y no, no es que les paguen el doble. No les dan ni el sueldo digno que exigen para sí. Los explotan. Y encima los desprecian.
Nos han hecho creer que el enemigo es el otro pobre. Como ese viejo chiste del delincuente que dice: “Pétame un ojo, con tal de que al guardia civil le pete los dos”. Así nos tienen. Dispuestos a perder la vista con tal de que el de al lado sufra más que uno. Y mientras, los de arriba, ciegos de poder, se reparten el botín.
Y luego está la patria. La usan como escudo, como máscara, como coartada. Pero ¿quién es más patriota? ¿El que se envuelve en una bandera mientras le vende el país a las multinacionales, o el que se levanta a las seis para hacer el pan? ¿Quién defiende más a España, el que cobra dietas por ir al Congreso a gritar, o el que levanta la persiana de su tienda cada mañana, el que recoge la basura, el que sube al andamio, el que trabaja en la fábrica?
Patriota es el que paga sus impuestos para que funcione la sanidad, la educación, la dependencia. No el que evade, no el que recorta, no el que privatiza.
Porque eso es VOX: el brazo político de los poderosos, la versión moderna de los perros de cortijo. Esos mastines que los señoritos andaluces amaestraron y educaron para defender el cortijo a toda costa, y atacar sin dudar a cualquiera que osara acercarse. Especialmente a los más débiles, a quienes, de alguna manera, intentaban conseguir algunas migajas para subsistir. Ya lo dijo un señorito andaluz una vez, entre risas y aguardiente: “Échale bastante cebada al caballo, que con lo que se le caiga, coman los gorriones”.
Y sí, los he visto ladrar. Los he visto morder con fuerza los tobillos de las mujeres que luchan, de los colectivos LGTBI, de los trabajadores, de los que piden justicia. Los he visto defender hospitales privados mientras dejan morir la sanidad pública. Los he visto subir sus sueldos en los ayuntamientos y luego decir que sobran impuestos. Los he visto cobrar del Estado mientras insultan al Estado. Son parásitos de lo público con discurso antisistema. Son cínicos profesionales.
Porque mientras exigen recortes para escuelas, hospitales o residencias, sus bolsillos siguen creciendo.
Los diputados de Vox en el Congreso cobran un sueldo base de 3.126,89 euros al mes, más dietas e indemnizaciones que pueden elevar sus ingresos a más de 7.000 euros mensuales. En total, los 33 diputados de Vox suponen un gasto de más de 2 millones de euros al año en sueldos públicos.
En los ayuntamientos y comunidades donde gobiernan, han protagonizado subidas de sueldo vergonzosas. En Torrelodones (Madrid), el equipo PP-Vox duplicó el gasto en salarios políticos: de 484.509 a 1.155.239 euros al año. En Yebes (Guadalajara), el teniente de alcalde de Vox se subió el sueldo más de un 50%, alcanzando 46.463,90 euros. En Marbella, la alcaldesa del PP —con apoyo de Vox— cobra 92.928,03 euros, más que el presidente del Gobierno.
Y Santiago Abascal, ¿de qué ha vivido? De los chiringuitos que tanto critica. Cargos públicos desde joven, sueldos en fundaciones del PP donde apenas se le vio trabajar, y ahora líder de un partido que está cobrando de lo que dice querer destruir.
¿Y de dónde sale todo ese dinero? De los mismos impuestos que dicen que hay que eliminar. Pero no para su sueldo, no. Esos, que no falten. Los quieren eliminar para tus servicios, no para su privilegio. Quieren un Estado sin derechos, pero con buenos sillones.
Y por eso ladran. Porque temen que los de abajo se den cuenta de que el enemigo no es el inmigrante, ni el distinto, ni el pobre. El enemigo es el amo del cortijo. Y ellos, los mastines del poder, están ahí para protegerlo.
FIDEL ROMERO

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