EL SILENCIO GRABADO: CUANDO DESTRUIR PRUEBAS ES POLÍTICA DE PARTIDO.

 EL SILENCIO GRABADO: CUANDO DESTRUIR PRUEBAS ES POLÍTICA DE PARTIDO.

La tragedia de la DANA en la comunidad valenciana destapa un viejo y oscuro modus operandi del partido popular: 

borrar pruebas, proteger a los suyos y reescribir la verdad a golpe de martillo o con la tecla "Delete” 

Por Fidel Romero 

cuando destruir pruebas es política de partido

 La tragedia de la DANA en la Comunidad Valenciana destapa un viejo y oscuro modus operandi del Partido Popular: borrar pruebas, proteger a los suyos y reescribir la verdad a golpe de martillo o con la tecla “delete”.


Ya lo hemos visto antes. No es nuevo. Es un viejo método que huele a polvo de disco duro destrozado, a martillo judicial, a ordenador triturado para que no quede ni rastro. Lo hicieron en el pasado y lo siguen haciendo ahora. Cambian los nombres, pero el manual de destrucción de pruebas permanece intacto. Antes fueron los ordenadores de Bárcenas, borrados a conciencia, golpeados como si la memoria de un país pudiera eliminarse a martillazos. Hoy son las grabaciones de las cámaras del Palau de la Generalitat, eliminadas como si el tiempo pudiera reescribirse o, mejor dicho, ocultarse.


Y todo esto, ¿para proteger a quién? Para proteger a Mazón, el presidente valenciano, que durante la tragedia de la DANA —una catástrofe que dejó muertos, casas destrozadas, vidas arrasadas— no estaba donde debía estar. Y ahora, para blindarlo, se borran pruebas. Se eliminan grabaciones clave. Se destruyen documentos gráficos. Como si la impunidad fuera un derecho adquirido por pertenecer a ciertos círculos del poder.


Feijóo lo sabe. Y lo defiende. Dice que Mazón estaba informado, que estuvo al tanto, que gestionó con diligencia. Pero las llamadas no aparecen. No hay rastro de comunicación entre ellos ese día. Ni una sola llamada que respalde su versión. ¿Cómo se puede estar perfectamente informado sin hablar con el presidente de la Generalitat en plena emergencia?


Y aún así, lo protegen. Porque eso hacen. Porque eso son. Un partido que aprendió a sobrevivir destruyendo evidencias. Aquel que en lugar de dar explicaciones, destroza discos duros; el que en vez de mostrar las pruebas, apaga las cámaras. Y cuando la ciudadanía exige verdad, cuando los familiares de las víctimas claman justicia, ellos callan, borran y siguen adelante como si nada.


Ahora nos dicen que han borrado las imágenes del 29 de octubre del Palau. Alegan que lo hicieron conforme a la ley, como si la legalidad fuera suficiente excusa para borrar lo que nunca debió desaparecer. Y mientras tanto, las imágenes que les interesan sí están. La supuesta llegada de Mazón al Cecopi a las 20:28 horas —una imagen que ni siquiera está contrastada, sin metadatos, posiblemente manipulada— esa sí se guarda. Esa se exhibe. Esa sirve para justificar lo injustificable.


¿No es esto una vergüenza? ¿No nos merecemos saber qué ocurrió realmente en aquellos días donde el agua arrasó barrios enteros y las instituciones se ahogaron en su propia incompetencia? ¿Dónde estaba Mazón? ¿Por qué no se activaron los protocolos de emergencia con tiempo? ¿Por qué, en lugar de dar la cara, se borran las pruebas?


Este no es solo un problema valenciano. Es un reflejo del sistema. Un sistema podrido, donde se utiliza el poder para cubrir errores y esconder cadáveres políticos bajo la alfombra. Un sistema donde el que gobierna no rinde cuentas, sino que destruye el relato con tal de mantenerse a flote.


Y cuando la prensa crítica señala, cuando la sociedad civil exige, cuando las víctimas piden verdad… se encuentran con muros de silencio, con jueces que no llaman a declarar, con presidentes que se atrincheran en sus cargos pensando ya en sus sueldos vitalicios.


Yo no me olvido de lo que han hecho. No me olvido de los martillazos a los discos duros, ni de las excusas baratas para no comparecer. No me trago las fotos sin metadatos, ni las promesas de transparencia que se diluyen como el agua en medio de una tormenta.


La memoria de los muertos exige justicia. Y la verdad no se borra, por más cámaras que apaguen.



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