ARTÍCULO DE OPINIÓN DE FIDEL ROMERO
PROGRAMA, PROGRAMA, PROGRAMA: LA IZQUIERDA NO PUEDE ESPERAR MÁS
Este sábado, una vez más, la plaza de Colón volverá a ser escenario de una postal ya habitual: Partido Popular y Vox de la mano, coreando consignas contra el Gobierno, con la bandera de la patria por delante y el puño de hierro de la reacción bien apretado. Esta manifestación, promovida por asociaciones supuestamente “civiles”, no es más que otra escenificación de la alianza que la derecha y la extrema derecha llevan años tejiendo, sin pudor ni disimulo. Saben lo que quieren y van a por ello con todo. Comparten programa, objetivos y estrategia. Actúan como un bloque sólido, sin fisuras, con un rumbo claro: desmantelar derechos, privatizar lo público, criminalizar la pobreza y al diferente.
Mientras tanto, ¿qué hacemos desde la izquierda? Se convoca un acto hermoso en Córdoba, en homenaje a Julio Anguita, organizado por el Colectivo Prometeo, con la presencia de Irene Montero y Antonio Maíllo. Una imagen que podría haber sido un punto de inflexión en un momento de urgencia histórica. Pero no lo es —aún— porque seguimos atrapados en el laberinto de los personalismos, de los liderazgos cerrados, de la incapacidad de sentarnos en una misma mesa con humildad y con un horizonte compartido.
Julio lo dijo una y mil veces, con esa claridad suya que tanto echamos de menos: programa, programa, programa. No hace falta estar de acuerdo en todo, ni caminar bajo la misma sigla, pero sí hace falta, con urgencia, un acuerdo programático común que ponga en el centro la defensa de los derechos de la clase trabajadora, de la gente sencilla, de quienes sostienen este país con su esfuerzo y apenas reciben nada a cambio.
Frente a una extrema derecha rabiosa que avanza con paso firme hacia un nuevo modelo autoritario y clasista, no podemos seguir entretenidos en disputas de despacho. Nos jugamos mucho. Nos jugamos la sanidad pública, la educación, los derechos laborales, la vivienda, la dignidad de los migrantes, los derechos del colectivo LGTBI, la igualdad entre hombres y mujeres. Todo eso está hoy en riesgo. No es un ejercicio retórico ni un recurso dramático: es la realidad que se asoma si PP y Vox consolidan su proyecto.
Por eso necesitamos una trinchera firme, unitaria, basada en el programa, no en los egos. Una izquierda que recupere la audacia, que inspire, que emocione, que proponga. Que sepa hablarle a la gente con claridad, con esperanza, con compromiso. Una izquierda que vuelva a decir: aquí estamos, no para ocupar sillones, sino para cambiar la vida de la mayoría.
El momento exige altura, generosidad y determinación. El homenaje a Julio Anguita debe ser más que un acto simbólico: tiene que ser un punto de partida. Porque lo que se avecina no es una tormenta, es una ofensiva. Y solo hay dos opciones: unidad o derrota.
Y si no lo hacemos, no nos lo van a perdonar. No nos lo va a perdonar el trabajador de la construcción que no llega a fin de mes, ni el emigrante que sufre la precariedad más cruda, ni la persona que sueña con una vivienda digna, ni quien se deja la piel en la sanidad pública. No nos lo va a perdonar el colectivo LGTBI cuando vea sus derechos amenazados, ni las mujeres cuando retrocedan décadas en igualdad. No nos lo van a perdonar quienes cobran salarios que no alcanzan para la cesta de la compra, ni quienes confiaron en que la izquierda defendería su dignidad, sus derechos y su vida.
Y tampoco nos lo van a perdonar quienes han apostado por la paz, por el desarme, por la ternura entre los pueblos. Quienes creen en la palabra como única arma legítima frente a la violencia, en la razón frente a la barbarie, en el diálogo frente a las balas. Si abandonamos también esa bandera, la de la paz y el pacifismo, no nos lo perdonarán jamás.
Si no somos esa trinchera de resistencia, de protección y de esperanza, la gente sencilla, los trabajadores y trabajadoras de toda índole, no nos lo van a perdonar.
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